30 de marzo de 2012

Tenemos que hablar de Kevin. Historia de un monstruo precoz



Hace casi una década, en 2003, la escritora norteamericana Lionel Shriver publicaba su octava novela, una obra que, narrada en forma epistolar, se atrevía a abordar temas tan políticamente incorrectos como sugerentes, la maldad infantil y el cuestionamiento del amor materno como algo intrínseco a toda mujer.

A partir de este material, la directora y guionista escocesa Lynne Ramsey ha rodado la que posiblemente sea una de las historias más inquietantes y amargas de los últimos tiempos, protagonizada por una mujer incapaz de amar a un hijo que ya desde su más tierna infancia muestra un comportamiento sádico y perverso.

Sin embargo, y si bien el film de la directora escocesa consigue plasmar con rigor el ambiente en el que crece el joven Kevin – educado por una madre entregada, pero carente de amor ya desde el embarazo e incapaz de imponer la más mínima disciplina, y por un padre ausente la mayor parte del tiempo y con poca o nula predisposición a enfrentarse al drama que se libra en un hogar aparentemente dichoso -, la apuesta de Ramsey por el formato thriller acerca más su obra a films de trama tan siniestra como La maldición de Damien que al ejercicio de ahondamiento psicológico que cabría esperar de una obra que parte de un antecedente literario tan sumamente interesante.

Ese formato thriller, por otra parte, no sólo lastra la equilibrada balanza que supuestamente se persigue entre carencia de amor materno y la precocidad de la maldad, sino que, con su ir y venir de continuos flashbacks, hace que su narración devenga sumamente deslavazada y más enfocada hacia un final impactante que a las causas que propician ese desenlace. 

No obstante, sería sumamente injusto no reconocer las virtudes de Tenemos que hablar de Kevin. Entre ellas destaca su casi excelso montaje, donde se combina con soltura y sin artificio una espléndida fotografía en la que impera el color rojo –  ya desde la primera escena supuestamente rodada en España y siempre ligado a los momentos más intensos del film, en los que se combinan sentimientos tan dispares como el amor, el terror, el odio o la muerte-, y una magnífica banda sonora trufada de canciones sumamente populares y que, descontextualizadas del contenido de sus letras, resultan tan inquietantes como los momentos del metraje donde reina un silencio opresivo y absoluto o el sonido del aspersor del jardín, que antecede a una de las escenas más dramáticas del filme.



A todo ello habría que añadir el magnífico duelo interpretativo entre una curtida y siempre brillante Tilda Swinton – capaz de recrear sin histrionismos sentimientos tan encontrados como el rechazo, el hastío o la culpabilidad – y un jovencísimo Ezra Miller, quien, con su mirada desprovista de sentimientos, logra encarnar con naturalidad casi desconcertante a un sociópata precoz.

Tenemos que hablar de Kevin es, en definitiva, un film perturbador que viene precedido con demasiado bombo y platillo (su éxito en la pasada edición del London Film Festival y un tráiler inquietante como pocos) pero cuyo visionado impele al espectador a sumergirse en las páginas del libro de Shriver para hallar allí lo que Ramsey sólo apunta con pinceladas breves e imprecisas, el nacimiento o la creación de un monstruo.


2 comentaris:

  1. pues me voy a verla. Me dijeron que era una especie de Estrenos TV y por eso no iba. De todas formas ir al cine tiene siempre bastante de salto al vacío: espero que tenga menos de "Maldición de Damien" que de otra cosa, La saga de "La Profecía" creo que son las peores películas de terror que he visto.No creo que "Tenemos que hablar de Kevin" sea la película perfecta pero su planteaminto ya tiene bastante de interesante.

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    1. Pues ya nos contará. A ver qué le parece a usted el film. Saludos cordiales.

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