28 de marzo de 2012

Esa cincuentona llamada Mafalda



El humorista gráfico argentino Joaquín Lavado Tejón – conocido mundialmente como Quino – llevaba casi una década volcado en su profesión cuando un amigo le propuso crear una tira cómica protagonizada por una familia de clase media que habría de promocionar, aunque de forma encubierta, la marca de electrodomésticos Mansfield.

Así nacía el 15 de marzo de 1962 el personaje de Mafalda; sin embargo, y lejos de sumarse a los fastos del cincuenta aniversario de su más famosa creación, Quino – posiblemente huyendo de ese origen tan netamente comercial- ha declarado en más de una ocasión que celebrará esta efeméride dentro de dos años, ya que considera que el auténtico nacimiento de Mafalda se produjo el 29 de septiembre de 1964, fecha en la que su tira cómica apareció por primera vez en las páginas de la revista Primera Plana.

Casi nueve años más tarde, el 25 de junio de 1973, y por decisión del propio Quino, se publicaba la última historieta protagonizada por Mafalda y su entrañable grupo de amigos y familiares. Pocos años después, en 1976, Jorge Rafael Videla instauraba, a través de un golpe de estado, una dictadura en la que muy difícilmente hubiera podido sobrevivir un cómic cuya máxima protagonista – una denodada  amante de la libertad y la democracia - cuestionaba sin descanso la realidad social y política de Argentina y, por extensión, del resto del mundo.

No obstante, antes de que su creador pusiera punto y final a sus peripecias, Mafalda ya se había paseado por las páginas del diario El Mundo (de gran tirada en la Argentina de los años 60) y del semanario Siete Días, cosechando no poco éxito entre lectores y crítica, lo que conllevó su salto a la televisión y el cine y que se convirtiera en lo que es hoy, un auténtico icono cultural del país que la viera nacer.

Su popularidad, además, hizo posible que sus aventuras fueran traducidas a nada menos que 30 idiomas y que traspasara fronteras, contando con una gran fama y estima en Latinoamérica, Grecia, Italia, Francia y, por supuesto, España, donde llegó en el año 1970 de la mano de la Editorial Lumen, la cual, por cierto, se vio obligada por la censura franquista a incluir la leyenda para adultos en el primer volumen de lo que resultó ser una exitosa colección.

Sin embargo, y a pesar de que a partir de 1973 Quino sólo le haya dado aliento en contadísimas excepciones y siempre en campañas en pro de causas tan nobles como la infancia, la educación o la democracia, Mafalda sigue contando hoy con la fama de la que gozara en los años 60 y 70 del pasado siglo. De hecho, y prueba de ese reconocimiento, su nombre figura en una calle de la ciudad francesa de Angulema, una de las capitales del cómic al albergar desde 1974 un festival internacional especializado en el Noveno Arte.

Idealista, utópica, inconformista, inquieta u observadora, Mafalda – la niña a la que Quino no dejó crecer – sigue siendo tan leída ahora como antaño por jóvenes y no tan jóvenes; en este hecho influye sobremanera no sólo el innegable valor como dibujante de su creador – que dotó a todos sus personajes de una personalidad muy definida y reconocible para sus lectores-, sino en la aguda inteligencia y afilada ironía que ideó para Mafalda, quien, con su permanente empeño por comprender la realidad que la rodea y sus pretensiones por mejorar un mundo trufado de entuertos, impele, más que invita, a la más sesuda reflexión.


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