23 de enero de 2019

Museo Marc-Chagall


Autor: Un Mundo Cultural

Enclavados en un entorno geográfico privilegiado, los Alpes Marítimos franceses atrajeron la atención, durante el pasado siglo, de numerosos artistas, en su mayoría europeos. Entre ellos destaca el pintor de origen bielorruso Marc Chagall, quien, tras una vida azarosa enmarcada en diferentes escenarios europeos y también estadounidenses, escogió Niza para pasar sus últimos años.

Artista clave del siglo XX, Chagall participó activamente en la creación de su propio museo. De hecho, el precioso Museo Marc-Chagall –antiguamente conocido como Museo Nacional del mensaje Bíblico Marc-Chagall– es uno de los pocos espacios expositivos que han abierto sus puertas al público en vida del autor al que se consagran. Su inauguración en 1973 coincidió con el 86º cumpleaños de Chagall y en la actualidad, tras haber ido engrosando su importante fondo a lo largo de casi medio siglo, es considerado como el mayor depositario del legado del artista bielorruso.

Por todo ello, este museo, enclavado en el precioso y señorial barrio de Cimiez en Niza merece una visita por parte de todos los amantes que recalen en la ciudad francesa. Además, y como pasa casi siempre con los espacios expositivos dedicados al arte contemporáneo, este museo resulta atractivo no sólo por su contenido, sino por su continente, ya que el edificio que lo alberga, de una sola planta, fue diseñado por el arquitecto André Hermant y el jardín que lo rodea –en plena remodelación durante nuestra visita a Niza hace unos meses– es obra del paisajista Henri Fisch. Cabe además señalar que la construcción de este espacio museístico, auspiciada por el que fuera ministro de cultura en aquel entonces, el escritor André Malraux, se llevó a cabo con la idea de que el contenido del mismo pudiera ser expuesto en condiciones óptimas y en un espacio diáfano, inundado por el sol de la Costa Azul.

El núcleo del fondo permanente del museo lo constituyen diecisiete pinturas de gran formato a cuya realización consagró el artista bielorruso varios años para posteriormente donarlas al estado francés. Chagall, enamorado confeso de los textos bíblicos, se inspiró en tres libros del Antiguo TestamentoGénesis, Éxodo y El Cantar de los Cantares– para alumbrar este conjunto pictórico.


  Autor: Un Mundo Cultural

Las diecisiete piezas se hallan distribuidas en dos salas sumamente diáfanas que cuentan con amplios sillones para que, sentado, el visitante pueda deleitarse con la belleza de unas obras fascinantes en las que sorprende no sólo la interpretación de los textos bíblicos, sino la fuerza de trazo y esa explosión de color con la que el artista bielorruso dotó a la mayor parte de su producción pictórica.

Autor: Un Mundo Cultural

Si bien la visita al Museo Marc-Chagall se justifica por la contemplación de estas obras, no hay que olvidar que, gracias a las donaciones del artista, el espacio expositivo cuenta con otras piezas de notable interés, como bocetos, dibujos, gouaches, litografías, grabados, vidrieras, tapicerías, mosaicos, esculturas y otras pinturas, como el tríptico Résistance, Résurrection, Libération. Entre estos trabajos cabría destacar también las vidrieras que se hallan en el auditorio, inspiradas en la creación del mundo, o el mosaico dedicado al profeta Elías montado en un carro de fuego y rodeado por los símbolos del zodiaco, que se refleja en un pequeño estanque y puede verse a través de una ventana de vidrio de una de las salas.


Autor: Un Mundo Cultural

Lo único que echamos de menos en el recorrido propuesto por el espacio museístico, una experiencia que sólo podría calificarse como puro deleite visual, fue la ausencia de una de las más preciosas obras de Chagall, El paseo, un precioso oleo de gran formato que tuvimos ocasión de contemplar muy de cerca, en un muy corto espacio de tiempo, en dos lugares diferentes, en Málaga –en la exposición temporal Chagall y sus contemporáneos rusos, albergada en el Museo Ruso en 2017– y en Londres –en la increíble exposición Revolution: Russian Art 1917-1932, que aquel mismo año produjera la Royal Academy of Arts en el marco del centenario de la Revolución Rusa.


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