24/05/2013

0 El Investigador Cultural propone hoy a...El Enclave





Este viernes dedicamos nuestra atención a la academia de arte El Enclave, un territorio artístico enmarcado dentro del espacio urbano, tal y como figura en la carta de presentación de su website.

Situada en pleno centro de Madrid, la academia diseña e imparte diferentes cursos de dibujo y pintura dirigidos a un amplio público, adulto y menor.

La metodología de El Enclave radica en incentivar la creatividad de sus alumnos de una forma individualizada, pero sin olvidar el importante papel que la técnica juega en cualquier disciplina artística.

Entre los apartados de su web, destacamos, por su especial interés, la sección Galería, donde se exponen las obras de los alumnos divididas en las siguientes categorías:

En cuanto a su espacio físico, cabe destacar que la academia está dividida en dos plantas y diferentes salas dedicadas al dibujo, la pintura y a la exposición de las obras de los alumnos y de artistas varios. Además, El Enclave también dispone de una biblioteca, especializada en Bellas Artes, y de un área de descanso.

Como siempre, no podemos dejar de mencionar las redes sociales, tan importantes en cualquier proyecto cultural y artístico. Así, El Enclave está presente en Facebook y Twitter y cuenta, además, con un interesante blog, que, junto a los enlaces citados y la web de la entidad, os animamos a que visitéis.

¡Os deseamos un feliz fin de semana lo más cultural posible!


21/05/2013

0 Tras los pasos de Olympe de Gouges




Tras el éxito de público y crítica de Kiki de Montparnasse – la novela gráfica dedicada a la que fuera musa de los más prominentes artistas del París de los años 20 -, la ilustradora Catel Muller y el escritor, periodista y crítico literario José Louis Bocquet han vuelto a aunar fuerzas y talentos para recuperar de las garras del olvido a otra mujer notablemente singular.

Olympe de Gouges se convierte así en un sentido tributo a quien se considera una de las primeras feministas de la historia -Marie Gouze- y en una magnífica oportunidad para sumergirse en uno de los más fascinantes y decisivos períodos históricos de la humanidad, el tránsito hacia la Revolución Francesa y sus inmediatas consecuencias.

Hija ilegítima de Jean-Jacques Lefranc de Pompignan -escritor y antiguo miembro de la prestigiosa Académie Française-  Marie Gouze vino al mundo en la localidad de Montauban un 7 de mayo de 1748. Ocho lustros más tarde, un 3 de noviembre de 1793, y en una París sumida en el período de La Terreur, Gouze moría decapitada.

Aún breve, la vida de la heroína francesa fue más que intensa y sufrió un cambio radical cuando a los 18 años, viuda y con un hijo de corta edad, Gouze decidió mantener su estado civil –lo que suponía una ruptura con las pautas sociales establecidas- e instalarse de forma permanente en la capital francesa, donde, poco después, adoptaría el nombre con el que hoy se la recuerda, Olympe de Gouges.

Convertida en escritora una vez perfeccionado su francés –su lengua materna era el occitano-, De Gouges se volcó, a través de su afilada pluma, en las dos causas que habría de defender apasionadamente hasta el final de sus días, la abolición de la esclavitud y la equiparación de los derechos de las mujeres con los de los hombres.

Una pasión similar es la que, sin duda, ha empujado a Catel y Bocquet a emplearse a fondo con un exhaustivo trabajo de documentación previo a la confección de esta voluminosa novela gráfica que, por sus numerosos méritos, se devora con fruición desde las primeras viñetas.

Además, la investigación histórica y biográfica llevada a cabo por el tándem galo convierte a Olympe de Gouges en una de esas obras que, una vez terminadas, gusta repasar de vez en cuando para perderse no sólo en el momento que cambió el curso de la Historia, sino también en los episodios que marcaron el devenir de la malograda escritora, como el proceso creativo que tuvo como resultado su primera y más conocida obra - Zamore et Mirza, ou l'heureux naufrage-, sus encuentros y desencuentros con diversos y destacados personajes –Jean Jacques Rousseau o Benjamin Franklin-, o los momentos previos que la condujeron a su desdichado final.

La obra de Catel y Bocquet cuenta, por otra parte, con un suculento apéndice del que forman parte una exhaustiva cronología histórica, las biografías de los principales personajes que pululan por sus viñetas y una cuidada bibliografía.

Mención aparte merece el buen pulso narrativo que articula toda la obra y la bella composición de unas viñetas con dibujo de estilizado trazo, gran realismo, riguroso blanco y negro y, único defecto, un cierto horror vacui al introducir demasiados detalles y demasiados personajes que, a veces, resulta difícil ubicar y obligan a regresar a capítulos anteriores para dar con su identidad. Este exceso, perdonable dado el resultado final, no merma la valía de una obra que más de un profesor de historia podría recomendar a sus alumnos.


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