7 de diciembre de 2011

Un método peligroso. Freud y Jung bajo la fría mirada de Cronenberg



A David Cronenmberg muchos de sus seguidores le reprochan que haya emprendido un camino que lo aleja de sus primeras obras. Sin embargo, el director canadiense nunca se ha apartado de sus grandes temas, la violencia y el sexo, ni ha abandonado su incisiva mirada de entomólogo para acercarse a personajes muy complejos. Lo que sí ha hecho – y sus últimas películas son una muestra de ello – es alejarse de esa primera etapa en la cual su cine bordeaba y, a veces, se adentraba en el género fantástico.

En Una Historia de Violencia y Promesas del Este, Cronenberg se volcó por completo en el tema de la violencia, dejando de lado la temática sexual. Con Un Método Peligroso, el cineasta canadiense retoma el tema del sexo sumergiéndose en las profundidades del psicoanálisis de la mano de tres personajes históricos, aunque la violencia no desaparezca por completo, al estar latente casi todo el tiempo en las relaciones que se establecen entre el trío protagonista.

Un Método Peligroso supone la traslación a la gran pantalla de la novela A Most Dangerous Method de John Kerr y su adaptación ha corrido a cargo de Christopher Hampton (Las amistades peligrosas), quien ya había adaptado la novela para el teatro en The Talking Cure.


Partiendo del guión de Hampton, con una filmación absolutamente academicista y con la frialdad de un cirujano, Cronenberg disecciona al complejo trío protagonista, los psicoanalistas Sigmund Freud, Carl Jung y Sabina Spielrein, sin tomar jamás partido por ninguno de ellos. No obstante, esta distancia para con sus personajes no implica una ausencia de análisis de las debilidades y obsesiones de aquéllos. Así, Jung es retratado como un hombre voraz en su adquisición de conocimientos, místico y conservador, mientras que Freud no sólo padece la punzada de los celos ante el alumno aventajado, sino que no puede disimular su conciencia de clase ante la prosperidad de aquél ni ocultar una profunda soberbia. Spielrein, en cambio, será el personaje que más evolucione a lo largo del fin, aunque se eche de menos una mayor profundización sobre su pasado.

Obviamente, el retrato de personajes tan complejos no hubiera sido posible sin un magnífico plantel de actores. Keira Knightley, Viggo Mortensen – en una fantástica recreación del padre del psicoanálisis que incluye el uso de lentes de contacto marrones -, Michael Fassbender y Vincent Cassel están fantásticos en sus papeles. La interpretación más anodina corre a cargo de la actriz canadiense que da vida a la esposa de Jung, aunque la escena en la que ésta, embarazada del primer hijo del matrimonio, se somete al método del psicoanálisis de la mano de su esposo y ante una recuperada Spielrien es de las mejores del film.

Es evidente que el incesante y estimulante intercambio de conocimientos de los protagonistas hacen que la historia de Kerr sea más apta para el teatro que para el cine, pero Cronenberg ha conseguido un film correcto con el material original, de factura impecable, muy interesante desde un punto de vista intelectual y no reducido por completo al campo del psicoanálisis, al incluir otros temas como el social y la ética profesional, concisamente reflejados ambos en la escena donde Freud advierte a Spielrein sobre la necesidad de estar unidos por su condición de judíos; una advertencia premonitoria, en la línea más mesiánica de un Jung irreconciliable con el racionalismo de Freud, que resulta ciertamente impactante por el futuro que les deparó a Freud y Spielrein la barbarie del nazismo.

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