5 de diciembre de 2011

Un auténtico viaje en el tiempo. The Story of Berlin Museum



Poco tiene que envidiar la vida cultural berlinesa a la ofrecida por las grandes y cosmopolitas Londres y Nueva York. De hecho, la variedad de actividades culturales que la capital de Alemania ofrece a sus habitantes y a su cada vez más creciente número de visitantes es enorme.

En esa gran oferta cultural destacan, con derecho propio, museos de visita obligada como los que se ubican en la Isla de los Museos (una zona que, como otras ciudades del mundo – Nueva York o Madrid –, apuesta por la concentración museística), el impactante Museo Judío o el asombroso – por las historias que en él se explican- Museo del Muro.

Con semejante oferta y de no planificar bien el viaje, es posible que no dé tiempo a visitar el que es, sin duda alguna, uno de los mejores museos de la ciudad y posiblemente de Europa, The Story of Berlin Museum.
 
Sito en un centro comercial de la vía más importante de la ciudad, la famosa Kurfürstendamm, este museo fue inaugurado en el año 1.999 y no cuenta con ayuda pública, al financiarse exclusivamente con fondos privados.

Su temática es la historia de Berlín, desde su fundación en el año 1.237 hasta nuestros días, repasando episodios de gran importancia histórica, como el Tercer Reich o la Guerra Fría, que Alemania vivió en primera persona.

Para recrear éstos y otros acontecimientos, cuenta con un gran pasillo central – auténtico vertebrador del museo - que muestra, con todo lujo de detalles e información profusa, el devenir de la ciudad en sus 800 años de historia, y conduce a las numerosas salas que, dotadas con la última tecnología multimedia, una magnífica ambientación, música e, incluso, olor, convierten al visitante en un auténtico viajero del tiempo; un viajero que podrá revivir, en una de las salas más impactantes, uno de los episodios que dio paso a una de las ignominias del pasado siglo, la Noche de los Cristales Rotos.

No obstante, el atractivo de este museo no queda reducido a sus salas interactivas. Son también interesantes su gran variedad de material gráfico y su recreación de algunos escenarios y escenas cotidianas, como los gritos de una mujer que reprenden a alguien a través de la puerta de una vivienda de los años 30, la habitación de un revolucionario o, aún más interesante, la detalladísima recreación de dos salones donde, a través de los objetos cotidianos, se muestran las diferencias de la Alemania del pasado siglo, dividida en dos países.

Finalmente, cabe destacar que el plato fuerte del museo es un búnker al que se puede acceder con visita guiada (en inglés y alemán; también en castellano si se hace con antelación y se cuenta con un determinado número de personas).

Esta claustrofóbica instalación (a evitar quien no se sienta cómodo en espacios cerrados, ya que es un lugar realmente claustrofóbico por su profundidad e iluminación escasa) fue construida en plena Guerra Fría y tiene una capacidad para unas 3.500 personas. Curiosamente, su existencia apenas si era conocida por los berlineses antes de su apertura al público; hoy es uno de los reclamos de la ciudad y, para muchos, el mayor atractivo del museo.

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