18 de noviembre de 2011

¿Estamos hablando realmente de cultura?




La prensa se hacía eco hace unos días de un nuevo premio creado por el Ministerio de Cultura y cuyo destinatario es la llamada fiesta nacional. Este galardón, dotado con 30.000 euros anuales, se justifica, según se desprende del texto del BOE donde se da parte de su creación, por el hecho de que la tauromaquia es “actividad digna de fomento” y, por lo tanto, acorde con una de las directrices tradicionales del propio ministerio, la de la “protección de la cultura”. No hay que olvidar que las ayudas y subvenciones públicas al sector cultural tienen su origen en la propia Constitución española (artículos 20 y 44), donde se menciona la libertad de creación cultural y el derecho de acceso a la cultura.

Sin embargo, ¿qué es cultura?. La definición más aceptada del término la dio en el año 1982 la UNESCO, pero algunos de sus detractores la tachan de abastar demasiado, al conceder el estatus de cultural a prácticamente cualquier actividad humana.

No es por ello extraño que exista una clara tendencia a identificar arte y tradición con cultura, pero ¿qué es el arte? Su definición, teniendo en cuenta que las manifestaciones artísticas pueden ser tan tangibles como intangibles, es tarea tan ardua como definir qué entendemos por cultura. No obstante, sobre lo que nadie duda es que la creatividad es su motor y que los sentimientos que sus obras generan son su mayor rasgo distintivo. Un pintor o un dramaturgo crean sus obras a partir de una idea, pero ¿qué es lo que hace un torero aparte de infligir dolor a un animal y causarle una muerte muy dolorosa? Y otra pregunta más inquietante aún ¿quién puede comparar los sentimientos que evoca una obra de arte con lo que pueda sentir alguien que contempla un acto tan sanguinolento como el que se representa en los ruedos?

En cuanto a la tradición, el hecho de que una determinada práctica se lleve a cabo a lo largo de la historia no justifica que ésta pueda ser considerada como cultura y, por ende, ser susceptible de protección estatal, máxime cuando existen tradiciones moralmente muy poco aceptables. ¿Calificaríamos como cultural la ablación del clítoris?

Por otra parte, si bien es cierto que el estado debe dar todo su apoyo tanto a la creación cultural como a su difusión, hay sectores que generan los suficientes beneficios como para prescindir de la ayuda estatal (el sector editorial, por ejemplo). Si la tauromaquia, como sus defensores afirman, genera tantos beneficios ¿qué sentido tiene que en un momento como éste, de crisis y recortes sin precedentes, reciba ayudas públicas?

Finalmente cabría preguntarse en qué criterios se basa el Ministerio de Cultura para beneficiar unos sectores en detrimento de otros (increíblemente desde el mes de julio pasado la tauromaquia ha entrado a formar parte de este ministerio)?, ¿qué pasa con sectores como el circo cuya supervivencia se debe al todavía fuerte tejido asociativo de este país?

Sin entrar en si es necesario o no prohibir un espectáculo como el de los toros, uno no puede dejar de sentirse perplejo al escuchar hablar a un torero de su arte, como si su profesión fuera comparable a la de un escritor, pintor o actor. Si este llamado arte no infligiera tanto sufrimiento, la opción de reír a carcajada batiente sería la más idónea.

6 comentaris:

  1. Probablemente haya dos posibles acepciones de cultura. En primer lugar podríamos hablar de cultura para referirnos a los usos y costumbres del ser humano. Cultura como producto de las personas.
    Otra posible acepción de cultura podría englobar toda la producción artística y científica.
    Así las cosas, la tauromaquia podría englobarse dentro del primer término de cultura, pero no del segundo, puesto que ni es arte, ni es ciencia.

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  2. la tortura no es ni arte ni es cultura.basta ya
    de maltrato animal.abolicion ya por favor.

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  3. Bueno, entonces ni Goya ni Picasso pintaban arte...(entre otros). Seguramente si vieras desapasionadamente fotos (o en directo) las poses del tandem toro-torero, verías la similitud entre las poses de una bailarina de ballet. La estética es perfecta.¿Y que decir de las poses de los bailaores? (Gades, Antonio, Carmen Amaya). Congela esos momentos.

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  4. Apreciado comentarista, ante todo, gracias por su comentario.
    Si el toreo no infligiese tanto sufrimiento, si sólo fuera una lucha sin sangre ni muerte, aún se le podría conceder la categoría de arte.
    Por otra parte, el mismo Goya, a quien usted nombra, recrea un fusilamiento en su famoso cuadro “El tres de mayo”. ¿Calificaría usted el fusilamiento como arte sólo porque la fantástica mano del pintor inmortalizó este acto tan reprobable en un lienzo?
    La pintura, la literatura, el cine, etc. han recreado, y recrean, actos violentos y salvajes, pero la plasmación de éstos por un medio artístico no justifica que puedan calificarse como arte.
    Saludos cordiales y gracias por leernos :-)

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  5. Por cierto, su respuesta aquí al comentarista que dice que Goya y Picasso pintaron los toros es, en mi opinión, sensible pero ligera: fíjese usted que la mirada de Goya sobre la tauromaquia no es la misma que sobre los fusilamientos. En los fusilamientos de Goya está claro quiénes son las víctimas, en la tauromaquia de Goya no. Los fusilamientos de Goya están construidos (la iluminación artificial sobre las víctimas, en medio de la noche, de lo cual se copia Picasso en el Guernica) para que usted reconozca a las víctimas, quiera usted o no quiera. No ocurre eso en los grabados de la tauromaquia de Goya. Goya pinta la fiesta de su época (más tremenda que la actual, por lo que toca al sufrimiento animal: que se lo digan a los caballos) de manera objetiva. Que los animales sufren y hasta mueren lo dirá usted, contemplando su obra. Goya no lo subraya, solo lo ve. No repudia a los toreros, de la misma manera que repudia al pelotón de fusilamiento. Lo mismo hace Darío Regoyos, en un excelente cuadro recientemente adquirido por el Museo Nacional de Arte de Cataluña. Y lo que es más, a veces, como en Picasso (Guernica), el toro, debido a su profundo valor simbólico en la cultura española, está entre los fusilados, entre los bombardeados, y suscita nuestra compasión igual que la madre con el niño muerto en brazos. Tampoco es muy antitaurino el Guernica. Al toro del Guernica no son los toreros los que le hacen sufrir. Insisto otra vez, mientras que se no se reconozca que los toros son cultura y arte, los antitaurinos no entenderán nada. Y, como enseñaba El Padrino, hay que comprender a nuestros enemigos para que no nos destruyan o para poder vencerlos, pero los antitaurinos no comprenden nada. Solo se quedan en lo superficial: que se mata al toro: ¡gran noticia, ahora nos enteramos, profundo análisis! Visto lo cual, proceden a insultar a los taurinos y -si pueden- a borrarlos del mapa, porque con los taurinos, como son tan salvajes y ceporros y lo suyo no es cultura, para qué discutir. Esa intransigencia progre de izquierdas me molesta porque considero que, en este país, en España, en Cataluña, no solo en este tema sino también en otros, la culpa de la consistencia de la derecha la tiene la inconsistencia de la izquierda.

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  6. "Uno no puede dejar de sentirse perplejo al escuchar hablar a un torero de su arte, como si su profesión fuera comparable a la de un escritor, pintor o actor." A estas profesiones no es comparable, porque crean ficciones. Pero el arte del torero es comparable al del músico porque ambos juegan con la verdad, sin tapujos, sin ficción. Siempre nos quedará la duda de que, si en La Consagración de la Primavera, de Stravinsky, que trata de como se sacrifica una virgen al renacer de la primavera para alimentar la fuerza de la tierra (esa fuerza plasmada en la música), se sacrificara a la bailarina de verdad, igual que al toro, eso sería cultura. Sin duda que sí. Una cultura tremenda, pero la fuerza de la música de Stravinsky seguiría estando ahí. Podría tocarse esa música sin matar a nadie, como en efecto se hace, salvo en la primera representación, que los oyentes por poco se mueren de la impresión. ¿Pero qué pasaría si no hubiera música sin sacrificio? La respuesta de los antitaurinos es clara: se acabó la cultura, se acabó Stravinsky. Como la postura antitaurina es no menos cultural, a lo que asistimos es a un choque cultural entre taurinos y antitaurinos, donde una cultura desdeña a la otra, en nombre de sus valores.

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