15 de febrero de 2012

Museo Keats-Shelley. Tras los pasos de los poetas románticos



Fuente: Wikipedia

Paraíso soñado por los artistas de diferentes épocas, Italia se convirtió durante el Romanticismo en un país de visita obligada para las mentes creativas sedientas de belleza e inspiración.

Entre los poetas románticos que en el siglo XIX recalaron en algún punto de la geografía italiana destacan los británicos Lord Byron, Percy Bysshe Shelley (esposo de Mary Shelley, la célebre creadora de Frankestein) y John Keats.

Gravemente enfermo de tuberculosis y siguiendo la prescripción médica de residir en un lugar cálido durante algún tiempo, John Keats llegó a Roma en el año 1820 y se instaló, junto a su amigo John Severn, en un edificio de color rosado del siglo XVII, muy frecuentado por los viajeros británicos de la época y situado en el número 26 de la famosa Plaza de España, justo a la derecha de las escalinatas que conducen a la Iglesia Trinità dei Monti.

Fuente: Wikipedia

John Keats no regresaría jamás a su Inglaterra natal. Murió a los 25 años, meses después de su llegada a la Ciudad Eterna. En alguna ocasión, el hoy célebre poeta – prácticamente un desconocido en vida – manifestó que su obra sólo sería reconocida tras su fallecimiento. No iba errado; la muerte le permitió a Keats acceder al Olimpo de los poetas más laureados de todos los tiempos.

En la construcción del mito mucho tuvo que ver Percy Bysshe Shelley, quien, profundamente conmocionado por la muerte de su amigo, escribió en su honor la elegía Adonais. Un año después, y también en Italia – concretamente en Livorno – Shelley, que estaba a punto de cumplir 30 años, moría ahogado.

Gracias al empeño de un grupo de diplomáticos ingleses y americanos, la última morada de Keats no sólo no fue demolida en 1903, sino que unos años después – en 1909 –, y gracias a un proyecto auspiciado por la Casa Real Británica, la extinta monarquía italiana e, incluso, el presidente de Estados Unidos, abrió sus puertas como un museo destinado a preservar la memoria de los dos malogrados poetas y de otros autores románticos que, en algún momento de sus vidas, residieron en Italia.

Es más que factible que, entre los numerosos encantos ofrecidos por la capital italiana, este pequeño museo, de tan sólo cuatro estancias, pueda pasar desapercibido; sin embargo, su contenido (conformado por numerosos recuerdos de Keats, Shelley y otros poetas, su gran colección de manuscritos, primeras ediciones, pinturas diversas y una regia y atestada biblioteca en permanente crecimiento) no sólo entraña un innegable interés para los especialistas del período romántico, sino para todo buen amante de la literatura. Además, se puede acceder a la casi intacta habitación donde falleciera Keats y observar, a través de la ventana, los que posiblemente fueron sus últimos motivos de inspiración, la escalinata de la Plaza de España y la Fontana della Barcaccia de Bernini.

Finalmente, destacar que el aire decididamente british de este museo incita a la ingesta de un buen té, por lo que se recomienda visitar el cercano Babington’s English Tea Room, un delicioso establecimiento que ofrece una exquisita carta de galletas, muffins, scones y demás dulces que sirven de acompañamiento a una deliciosa taza de té, aunque a un precio, lamentablemente, escandaloso. Quedan avisados.


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