8 de octubre de 2013

Museo Gulbenkian. Un museo de imprescindible visita


Calouste Sarkis Gulbenkian
De origen armenio, aunque nacido en Turquía y nacionalizado británico, Calouste Sarkis Gulbenkian fue un ingeniero y un exitoso hombre de negocios al que su pasión por el arte, desarrollada a muy temprana edad, le llevó a coleccionar unas 6000 piezas artísticas que hoy se hallan depositadas en uno de los espacios expositivos más famosos y visitados de Portugal, el Museo Gulbenkian.

Antes de ir a parar a su destinación definitiva, esta colección ecléctica y sin par fue protagonista de una azarosa travesía. De hecho, por razones de seguridad, en las primeras décadas del pasado siglo, Gulbenkian trasladó al Reino Unido todas las piezas que hasta entonces había reunido. Una vez en suelo británico, la colección fue dividida entre el British Museum y la National Gallery. En esas fechas, esta última institución llegó a sopesar la idea de albergar un Gulbenkian Institute. Sin embargo, la supuesta adhesión del empresario armenio al Gobierno de Vichy le convirtió en persona non grata para ejecutivo británico y el proyecto fue abortado.

Tras pasar por la National Gallery of Art de Washington, la colección llegó, en los años 60, a Portugal, país en el que Gulbenkian se había asentado durante la Segunda Guerra Mundial y en el que permanecería hasta su fallecimiento. En 1969, el Museo Gulbenkian abría sus puertas, albergando la totalidad de la colección y mostrando al público unas 1000 piezas en exposición permanente. Se cumplía así la voluntad del empresario armenio, quien siempre deseó que su colección permaneciera indivisa.

La fama del Museo Gulbenkian no sólo se debe a su magnífico fondo, sino a su espléndida disposición, en la que prima el orden cronológico y geográfico. Así, los responsables del museo luso han distribuido las piezas del fondo en dos circuitos.  El primero de ellos está dedicado al mundo clásico y oriental y dispone de piezas procedentes del arte egipcio, mesopotámico, greco-romano, armenio, islámico y del lejano Oriente. Visita indispensable para historiadores y amantes del arte, este recorrido resulta especialmente atractivo por su impresionante colección de monedas y alfombras y por piezas tan interesantes como una Biblia armenia en miniatura ricamente decorada o la muestra de objetos procedentes de China y Japón.

Igualmente imprescindible resulta el segundo circuito, que abarca el arte europeo de los siglos XI a mediados del XX y contiene un fondo inapreciable de libros -cuyo soporte son auténticas piezas artísticas-, esculturas, artes decorativas –especialmente interesantes son los trabajos de René Lalique, amigo de Gulbenkian- y, sobre todo, una increíble selección de pinturas de autores tan destacados como Rubens, Rembradt, Degas, Manet, Renoir o Maurice-Quentin de la Tour, cuyo sorprendente retrato de Duval de l’Epinoy es, según nuestra modesta opinión, una de las mejores piezas de la colección reunida por el filántropo armenio.

Retrato de Duval de l'Epinoy
El Museo Gulbenkian, por otra parte, está rodeado por un bonito parque y el edificio que lo acoge es una de las construcciones modernas más apreciadas del país luso, aunque su estética setentera y su acusado aire funcional se antojan hoy un tanto démodés. Su interior, sin embargo, aunque no se sustrae de esa atmósfera de hace varias décadas, cuenta con amplios espacios –absolutamente acertados para la colección albergada- y mullidos sofás y sillones, estratégicamente situados frente a un amplio ventanal, para dar un respiro visual al visitante.

A nivel museístico cabría señalar que, si bien el museo luso responde al prototipo del museo más tradicional, alguna de sus obras ya cuenta con elementos más propios de la más moderna museografía –como una pantalla interactiva que permite a los visitantes conocer con detalle la obra seleccionada.


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