26 de octubre de 2011

El museo del cómic de Bruselas. Retorno a la infancia

Los que crecimos leyendo las historietas de Peyó y sus pitufos no podemos dejar de sentir una cierta rabia cuando observamos que las generaciones a las que precedemos identifican las creaciones de este historietista belga como un producto netamente americano. Si, como se augura, el film de Peter Jackson sobre Tintín resulta ser  un taquillazo, es probable que la figura de Hergé se diluya y se tienda a identificar al mítico periodista creado por su mente como un producto igualmente norteamericano.


Por ello, el Museo del Cómic de Bélgica es de visita obligada no sólo para los que crecieron leyendo las historietas de Peyó, Hergé, Vandersteen o Morris (creadores estos últimos de otros emblemáticos personajes – Spike, Lucy y Lucky Luke) sino para quienes las han conocido a través de las producciones norteamericanas.

El edificio que alberga al museo, una construcción Art Noveau de Víctor Horta, ya justifica su visita (especialmente su fachada y la bella biblioteca, además del bar que es de acceso gratuito). En su interior, repartido en tres plantas, hallaremos una extensa colección de extractos originales de obras clásicas y contemporáneas, así como una explicación, en clave de viñetas, donde se muestra el proceso de elaboración de una tira cómica, desde la idea original hasta su impresión final.


El museo es también una buena oportunidad para que los más pequeños sepan que existe todo un mundo del cómic más allá de los personajes creados por la factoría Marvel. En Europa se ha hecho y se sigue haciendo muy buen cómic.

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