10 de mayo de 2012

Tenemos que hablar de Kevin. La irracionalidad de la maldad




Hace unas semanas, el visionado del inquietante film de la guionista y directora escocesa Lynne Ramsay, Tenemos que hablar de Kevin, impelió a quien suscribe estas líneas a hacerse con un ejemplar de la novela que había servido de inspiración a aquél, la obra homónima escrita por la norteamericana Lionel Schriver. Una obra que sufrió el rechazo de nada menos que treinta editoriales, que consideraron sumamente arriesgado hacerse cargo de la publicación de una historia en la que una madre incapaz de amar a su hijo asiste impotente a las muestras de una malevolencia, aparentemente innata, que acabarán convirtiendo a su vástago en un asesino despiadado y precoz.

No obstante y contra todo pronóstico – al menos para quienes tacharon como demasiado sórdida la narración de Schriver – Tenemos que hablar de Kevin se ha convertido en una obra de culto cuyas ventas se han visto revitalizadas en los últimos meses con motivo del estreno del film de Ramsay.

Consagrada con esta novela fantásticamente bien escrita – que ha sido merecedora del prestigioso Orange Prize -, Lionel Schriver consigue capturar al lector desde la primera página con su admirable prosa - profusa en detalles pero desprovista de artificios, sumamente elegante y dotada con un agudo y exquisito sentido del humor-  y con un acertado formato epistolar que se constituye como uno de sus mayores aciertos, al permitir bucear por el pasado de unos personajes cuyos sentimientos están en permanente evolución en el presente, lo  que incita al lector a leer sin pausa – tarea prácticamente imposible con un libro que supera las 600 páginas – una de las historias más perturbadoras escritas en años.

De hecho, el film de Ramsey ya permitía intuir como inquietante, dura y polémica la obra de Schriver, aunque fallaba en su intento por mostrar lo que la pluma de la escritora norteamericana afincada en Londres había eludido sabiamente, un cierto maniqueísmo truculento al que ciertamente era difícil no ceder ante la animadversión que experimenta una madre hacia el retoño cuya gestación hace que sienta su cuerpo tan agredido como el del personaje de John Hurt en el primer film de Alien, desgarrado, tras su período de incubación, por el ser alienígena que se ha aposentado en su interior.

Lejos, sin embargo, de ceder a los elementos más sanguinolentos a los que está expuesta una historia protagonizada por un asesino, Tenemos que hablar de Kevin es una profunda reflexión sobre el amor materno o la ausencia de éste, el sentimiento de culpa, la ceguera de los padres con respecto a los defectos de los hijos y, sobre todo, el mal en su estado más puro; todo ello articulado, más que aderezado, por la portentosa e hipnótica pluma de Schriver, por su  crítica mordaz a la, a veces, sumamente complaciente clase media norteamericana y, por supuesto, por la construcción de unos personajes realmente complejos y llenos de matices.

Tenemos que hablar de Kevin puede resultar una lectura sumamente dura para algunas sensibilidades, sobre todo porque su planteamiento arroja más dudas que respuestas a las cuestiones que formula y su reflexión sobre el mal y la irracionalidad que lo sustenta conducen a un final impactante como pocos que incita a no pocas preguntas, cuyas respuestas bien pudieran ser respondidas en una segunda parte que se antoja sumamente apetecible para el lector que ha caído rendido ante el virtuosismo narrativo de una escritora que se revela como absolutamente imprescindible.


3 comentaris:

  1. Muy interesante, tomo nota para leerlo

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  2. Hola, Sonia!
    He entrado en tu blog para fisgonear un poco y ya tengo tres nuevos libros apuntados en mi lista de próximas lecturas... ¿qué te parece? Sin querer me has puesto deberes, como en la escuela.
    Además del contendio, que por deformación me interesa, me ha gustado la presentación, es clara, limpia, sin dibujitos ni adornos excesivos (se ve cada cosa!) el tipo de letra es fácil de leer y no "rellena" el espacio... No soy especialista en blogs, pero me atrevo a decir que sé algo de comunicación escrita y presentación de textos.
    ¡Así que enhorabuena por tu iniciativa!
    Carme Planells

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