1 de mayo de 2012

Maus. Todo un clásico de la novela gráfica




Cuando Vladek Spielgelman ingresó en Auschwitz, nada hacía presagiar que su denodada lucha por sobrevivir a las más extremas condiciones impuestas por un campo de exterminio iba a quedar inmortalizada por obra y gracia de su hijo, el dibujante Art Spielgelman, en un relato que ha supuesto un antes y un después en la historia del Noveno Arte.

Hace más de treinta años Maus rompió con toda una tradición de novela gráfica exclusivamente protagonizada por superhéroes y villanos variopintos, por lo que ha sido considerada por la crítica como la primera obra contemporánea y autobiográfica de su género. A ese honor suma, además, haber sido premiada con numerosos galardones de prestigio internacional – entre los que destacan el siempre codiciadísimo Premio Pulitzer y el Premio Internacional del Festival de Cómic de Angulema -, lo que no está nada mal para una novela gráfica que se publicó por entregas en una revista independiente, Raw, de la que eran editores el propio Spielgelman y su esposa.

La temática de Maus, sin embargo, no se vuelca por completo en el Holocausto, pues sus viñetas articulan también la narración de la complicada e intensa relación entre un padre marcado por un pasado de sufrimiento inconcebible, y esclavo en el presente de una tacañería absurda y sin límites, y un hijo que parece haber vivido a la sombra del hermano al que nunca conoció, un infante al que la locura nazi no permitió alcanzar la edad adulta.

No obstante y lejos de incurrir en el error del que suelen pecar las historias que transitan por épocas y lugares diferentes, en Maus reina en todo momento una coherencia narrativa que consigue entretejer de forma impecable los episodios situados en el presente en el que fueron escritos – las últimas dos décadas de la pasada centuria – y unos poderosos flashbacks que transportan al lector a uno de los períodos más denigrantes y vergonzantes de la historia europea reciente.

Ese fantástico brío narrativo de Spielgelman, que hila perfectamente las temáticas principales de su obra – captando con ello la atención del lector desde las primeras páginas – viene acompañado por no pocos aciertos que han hecho de Maus una obra brillante y todo un referente en su género, que ha atraído tanto a los amantes del mismo como a los lectores más reticentes a sumergirse en el relato de una novela gráfica.

Entre esos aciertos destaca la idea de Spielgelman de mostrar el proceso de elaboración de su obra dentro de la misma – incluyendo un cómic dibujado tiempo atrás y en el que daba parte del suicidio de su madre– y, sobre todo, la recreación de unos personajes sumamente expresivos, trazados en blanco y negro y caracterizados con la fisonomía de diferentes animales.

De hecho, esa apuesta por dotar a los judíos con el aspecto de frágiles ratones o a los alemanes con el de amenazadores felinos – que Spielgelman achaca a su infancia marcada por los cartoons norteamericanos, especialmente Tom & Jerry – consigue trasmitir al lector parte  del sufrimiento de las víctimas del Holocausto, cuya identidad se diluyó en la identificación del individuo con una nacionalidad o etnia y, en consecuencia, con toda una serie de perversos estereotipos.

Maus es, en definitiva, una revisión novedosa en cuanto a formato de algo que cine y literatura han abordado con suma profusión – la Shoah  -, pero es también un magnífico y portentoso relato capaz de mostrar la bondad más conmovedora y la crueldad más inconcebible de las que pueden ser capaces los seres humanos en situaciones extremas.


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