17 de junio de 2014

Los pies vendados. Una vida en breves pinceladas


cómic Los pies vendados

Muy posiblemente, el vendado de los pies en China haya sido el sacrificio más atroz de los muchos a los que, durante la historia y a lo largo y ancho del mundo, se han sometido las mujeres para seguir los dudosos cánones de belleza impuestos por hombres y, desgraciadamente, en muchas ocasiones, aplaudidos con entusiasmo por las propias mujeres.

Si bien erradicada tras la caída de la China Imperial, la práctica del vendaje de los pies continuó vigente en algunas de las más aisladas provincias del país asiático hasta bien entrada la década de los años treinta del pasado siglo.

Para realizar Los pies vendados, el historietista chino Li Kunwu –conocido en estos lares por su trilogía Una vida en China y famoso en su país por su larga trayectoria profesional- ha partido de las memorias de su infancia para relatar la historia de su niñera, Chunxiu, una mujer que hubo de sufrir las nefastas consecuencias de aquella tradición.

Entre cuentos y leyendas –muchos de ellos considerados entonces como vestigios de la época feudal- Chunxiu relató también a Li Kunwu su desgraciada vida, una existencia que el autor chino irá desgranando en su obra a partir de tres partes diferenciadas, la infancia, la juventud y la vejez de su principal protagonista.

Sin embargo, y a pesar de constituirse como un muy contenido tributo a la mujer que cuidara de él durante su infancia, Li Kunwu consigue hacer de su relato una suerte de recorrido histórico, muy sucinto y, a veces, apenas si esbozado, del propio devenir de su país.

Ese recorrido se articula, de hecho, a base de numerosas elipsis que, si bien redundan en el buen pulso narrativo imperante en todo el desarrollo argumental, no consiguen dotar del peso necesario a ese repaso histórico de un país que dejó atrás un larguísimo período imperial para dar paso a una corta república que, tras guerra civil, acabaría convirtiéndose, proclamada por el Partido Comunista, en la República Popular China que hoy conocemos.

Esa concisión y ese pasar de puntillas por los momentos más escabrosos del período comunista parecen obedecer al respeto a los ideales políticos del propio autor, quien, no por casualidad, es miembro del Partido Comunista desde hace muchos años e iniciara su extensa y afamada carrera, precisamente, como autor de cómics propagandistas del régimen.

Sea como fuere, Kunwu no evita al lector ninguno de los episodios que habrían de marcar el destino de su protagonista, como el vendado de sus pies, un pasaje que se constituye como la escena más atroz de esta novela gráfica –por cuanto describe con todo lujo de detalle el proceso completo de destrucción y malformación de los pies-; su violación, no mostrada pero sí descrita, cual voz en off, por su narrador –lo que la convierte en uno de los momentos más dolorosos de la narración- y, finalmente, su ostracismo al haberse convertido en un agente sospechoso de un régimen que pretendía salvar del feudalismo a seres que, precisamente como ella, habían sido sus más directas víctimas.

Mención aparte merecen unos personajes trazados con una gran expresividad, aunque a veces rocen lo grotesco, y la vívida composición de unas viñetas en riguroso blanco y negro que, en algún momento, pueden resultar un tanto confusas por su exceso de elementos.

En cualquier caso, por y a pesar de todo lo que antecede, Los pies vendados resulta ser el relato fascinante de una vida que, aun descrita con breves, muy breves, pinceladas, difícilmente dejará indiferente a ningún lector, especialmente por las también breves, críticas y tristes líneas que ponen punto y final a la narración.


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