3 de junio de 2014

El día que vendrá. Un bonito esbozo literario


El día que vendrá

25 de julio de 1943. En pleno fragor bélico, las fuerzas aliadas británicas y estadounidenses dan inicio a la llamada Operación Gomorra. Durante poco más de una semana, y de forma casi ininterrumpida, la ciudad alemana de Hamburgo es sometida a un bombardeo masivo y sistemático que la dejará sumida en escombros, con miles de muertos y otros tantos supervivientes tratando de seguir adelante en una urbe llena de cascotes y envuelta en miseria y desesperación. Años después, Hamburgo sería bautizada como la Hiroshima alemana.

Hamburgo bombardeada, 1943
Hamburgo bombardeada, 1943. Autor y fuente:
Royal Air Force Bomber Command, 1942-1945. En Wikipedia
A pesar de la tragedia, el bombardeo de Hamburgo -y sus consecuencias en los años que siguieron- no ha sido un tema recurrente ni en la literatura ni el cine de las últimas décadas. Un olvido incomprensible que parece que no está lejos de subsanarse si atendemos al hecho de que, en pocos meses, han llegado a las librerías españolas varios títulos que abordan el capítulo más negro de la que es hoy la segunda ciudad más importante de Alemania.

El día que vendrá, novela firmada por el exitoso escritor y guionista británico Rhidian Brook, es una de esas obras de reciente factura que se rinden al sano ejercicio del revisionismo histórico, toda vez que pretenden hacer justicia a las víctimas de la guerra, independientemente del lado en el que las colocara el destino.

Ambientada pocos años después del bombardeo y finalizada ya la guerra, El día que vendrá narra la historia de un idealista coronel galés al que, en una Hamburgo bajo control británico, se le asigna como principal misión velar por la reconstrucción de la masacrada urbe y seguir con celo el llamado proceso de desnazificación, que afectaría a todos los habitantes de la ciudad, especialmente a los que tuvieron cargos importantes y/o economías tan holgadas como las del arquitecto Lubert, cuya mansión le será adjudicada al coronel Morgan y a su familia.

Para construir la trama y ambientación de la historia, Brook ha partido de los recuerdos que en la infancia le transmitiera su abuelo, un militar británico que conoció de cerca el padecimiento de la población alemana cuando fuera destinado a Hamburgo y que, como el protagonista de la obra de su nieto, decidió convivir con el propietario de la suntuosa vivienda que su gobierno le proporcionó durante su estancia en la ciudad germana.

Narrada con una prosa exquisita y elegante e hilada con un ritmo sopesado y envolvente, El día que vendrá se constituye como un notable ejemplo de reconstrucción histórica novelada. Una vívida recreación en la que no se escatiman pasajes muy duros, muchos de ellos protagonizados por los cientos de niños huérfanos que malvivían entre cascotes y que, obligados por el hambre y por el frío, se veían forzados a mendigar, cuando no a robar e, incluso, matar.

Además de esa conseguidísima atmósfera, la obra de Brook destaca por su magnífico retrato de unos personajes que, complejos y llenos de matices, trasmiten a la perfección el mensaje que alienta la historia en la que se hallan inmersos, el perdón incondicional y la preservación de la dignidad aún en los peores momentos a los que un ser humano puede verse abocado.

Sin embargo, y a pesar de todo lo que antecede, ninguna de las subtramas que conforman El día que vendrá alcanza el dramatismo y solidez que anticipa su cuidada descripción, haciendo que la obra de Brook parezca más un esbozo -muy bonito, eso sí- que la gran novela con aroma a clásico literario que anticipaban sus primeras páginas.

En cualquier caso, El día que vendrá reúne los aciertos necesarios como para sumergirse en su lectura y seguir con atención los próximos pasos de su autor.


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