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3 de marzo de 2019

El saloncito del Palais Lanckoronski, Viena (1881)


Fuente: Wikipedia

Despedimos la semana con el pintor austríaco Rudolf von Alt (1812-1905).

Gran paisajista, Von Alt se valió de la acuarela para plasmar bellos y realistas escenarios naturales, especialmente de los Alpes austríacos y del norte de Italia. No obstante, su obra no sólo quedó circunscrita a esa temática, sino que, por el contrario, fue especialmente fructífera en la llamada pintura arquitectónica y en la de interiores.

A esa última categoría pertenece El saloncito del Palais Lanckoronski, Viena, obra realizada en 1881 y hoy, desafortunadamente para los amantes del arte, formando parte de una colección privada.

¡Feliz domingo! 




21 de marzo de 2012

Grinzing. La Viena más pintoresca



Fuente: Wikipedia

Majestuosa y señorial, la bella capital austríaca atrae cada año a miles de turistas ávidos por sumergirse en el esplendor del pasado que emana de sus viejas calles y de sus fabulosos monumentos, hoy testigos mudos de la que fuera una de las ciudades más importantes del mundo antes de que éste fuera sacudido por dos guerras mundiales.

Sin embargo, Viena depara no pocas sorpresas a los viajeros que se aventuren a traspasar los límites de su pasado más monumental. Una de esas sorpresas la constituye, sin duda alguna, el barrio de Grinzing, enclavado en la colina de Cobenzl, rodeado por cultivos de viñedos y muy próximo al bosque vienés.

Asolada por los ejércitos turco y francés en diferentes momentos históricos, la localidad de Grinzing fue engullida en el año 1891 por una Viena en plena expansión geográfica. Sin embargo, lejos de perder sus rasgos más distintivos, este barrio – que hoy forma parte del distrito número 19 de la capital vienesa – ha conservado intacto el carácter sumamente idílico de los pueblos de montaña austríacos gracias a su dédalo de viejas calles, sus pintorescas casas pintadas de vivos colores, sus jardines de ensueño y sus balcones rebosantes de vistosas flores.

Grinzing, además, ofrece al visitante la oportunidad de contemplar fachadas con el característico estilo Jugenstil, acceder a la Pfarrkirche – la iglesia parroquial del antiguo pueblo con su campanario característico en forma de cebolla -  o visitar su cementerio, donde se hayan enterradas personalidades tan ilustres como el compositor Gustav Mahler, los actores Atila Hörbiger y Paula Wessely o el escritor Thomas Bernhard.

Sin embargo, si hay algo que ha hecho famoso a Grinzing son sus 30 heurigen, unas tabernas donde los clientes, sentados en unos no demasiado cómodos asientos de madera, pueden degustar el exquisito vino producido por sus propios dueños y comer los productos austríacos más típicos, servidos por solícitas camareras ataviadas con los trajes tradicionales de la región y todo ello acompañado por música en directo, la Schramelmusik, un estilo donde se combinan el violín, la guitarra y el acordeón.

Autor y fuente: Photodiary of Lili, Cili & Krisztian 

Además, estas tabernas se hallan señalizadas desde época medieval con una rama de olivo colocada en el umbral de la puerta de acceso y que corresponde a la autorización de la que goza todo heuriger para poder comerciar con el vino que producen sus propietarios y que es la única bebida, además de agua y Kracherl – un brebaje de sabor afrutado – que estas tabernas pueden servir a su clientela. Si la rama aparece colgando, significa que el vino está listo para ser consumido y que, en consecuencia, la taberna ya puede abrir sus puertas al público.

Si bien hay heurigen repartidos por toda la ciudad, los de Grinzing son especialmente atractivos por su antigüedad y su estado de conservación, por lo que bien vale la pena embarcarse en un trayecto un tanto largo que obliga a coger metro y autobús desde el centro de la ciudad. Por otra parte, perderse por las calles de este antiguo pueblo o contemplar la magnífica vista que se ofrece de la capital austríaca desde su localización privilegiada es una excelente manera de sumergirse en esa otra Viena, no monumental pero sí pintoresca y llena de encanto.


11 de enero de 2012

La Viena de Hundertwasser




Con el recuerdo aún fresco en la memoria de la retransmisión del tradicional Concierto de Año Nuevo en Viena, aprovechamos la ocasión para recomendar la visita a la obra de Hundertwasser en la capital austríaca, obviada de manera incomprensible por el programa especial – excepcionalmente cursi – emitido por la televisión de aquel país como acompañamiento al mencionado concierto.

Polifacético y excepcional, Friedrich Stowasser, más conocido como Hundertwasser, es especialmente recordado por su labor como pintor y por sus originalísimos diseños de edificios y monumentos considerados hoy emblemáticos, pero que en su tiempo encontraron a fuertes detractores entre las voces más conservadoras de la arquitectura. De hecho, este enemigo de las líneas rectas, a quien se ha llegado a bautizar como el Gaudí austríaco, abogó de manera decidida por las formas irregulares y por los colores brillantes, sin cejar nunca en su afán por conseguir una simbiosis entre naturaleza y arquitectura (no en vano llegó a publicar un manifiesto, hace ahora cuarenta años, donde expresaba la necesidad de plantar de forma obligatoria árboles en los entornos urbanos).

Los diseños de Hundertwasser se materializaron en muchos países, pero en Viena se halla la que quizá sea su obra más emblemática, la Hundertwasserhaus, un bloque de apartamentos construido por encargo del ayuntamiento de la ciudad en la década de los 80. Su diseño, con su combinación de superficies irregulares, su vivo colorido y la presencia sempiterna de vegetación, ha dado algunos problemas de habitabilidad y el edificio ha tenido que ser objeto de reformas, sin embargo es hoy uno de los reclamos turísticos más importantes de Viena y cumple con el cometido que perseguía su autor, el de que la arquitectura se asemejara lo máximo posible a la naturaleza.

El visitante, no obstante, sólo podrá contemplar y admirar la fachada de la Hundertwasserhaus y la fuente que se halla a la entrada de ésta – no hay que olvidar que sus apartamentos están habitados -, aunque sí podrá acceder al pequeño centro comercial que se encuentra justo enfrente, la Village Gallery, cuyo interior es un fiel reflejo del estilo Hundertwasser, especialmente los servicios, cuya visita implica un pequeño desembolso de dinero.

No muy lejos de la Hundertwasserhaus se ubica la Kunst Haus Wien, un museo privado dedicado por completo a la obra de Hunderwasser, aunque también contiene trabajos de otros artistas. Es una auténtica joya pero, para quien no quiera acceder a sus dependencias, la contemplación del edificio que lo alberga y su cafetería ya valen la pena el paseo.

Finalmente, habría que destacar la Incineradora de la Universidad, una originalísima obra diseñada por Hundertwasser que se encuentra alejada del centro de Viena (en Spittelau) y que algunos expertos han descrito como una combinación perfecta entre arte, ecología y tecnología.

Como todas las grandes ciudades, la capital austríaca tiene más de una cara. Sin embargo, la Viena monumental puede llegar a eclipsar a esa otra pequeña Viena surgida de la imaginación desbordante de un artista tan iconoclasta como Hundertwasser; una Viena de ineludible visita para todo aquel que realmente quiera conocer en profundidad la bella ciudad del vals. 
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