3 de febrero de 2015

Museu del Disseny de Barcelona. Una muy enriquecedora visita



Ubicado en el Distrito 22@, una de las zonas más emergentes de la Ciudad Condal, el Museu del Disseny de Barcelona abrió por primera vez sus puertas el pasado mes de diciembre. Desde entonces, más de 100.000 personas se han paseado por sus espaciosas salas, especialmente durante los fines de semana, cuando, inevitablemente, el tiempo de espera para poder acceder a su interior no suele ser inferior a una hora.

Ese éxito de afluencia de público se debe no solamente a la gratuidad de las entradas durante los meses de diciembre y enero, sino a su excelente fondo, proveniente de cuatro museos, el Museo de las Artes Decorativas, el Museo de la Cerámica, el Museo Textil e Indumentaria y el Gabinete de Artes Gráficas.

La integración de ese magnífico fondo en un solo espacio expositivo ha hecho posible que el Museo del Disseny cuente con más de 70.000 piezas, de las que más de 2000 se hallan en exposición permanente y estructurada en torno a cuatro ejes temáticos, ¡Extraordinarias! Colecciones de artes decorativas y artes de autor,  El diseño gráfico: de oficio a profesión (1940-1980), Del mundo al museo. Diseño de producto, patrimonio cultural y El cuerpo vestido. Siluetas y moda (1550–2015).

Distribuidas en cuatro plantas, cada una de las colecciones cuenta con un diseño expositivo propio, acorde con la tipología de las piezas mostradas, aunque todas ellas presentan elementos comunes, como una muy cuidada contextualización histórica –a través de paneles cronológicos situados en diferentes espacios, muy próximos a los objetos dispuestos- y, sobre todo, numerosos soportes digitales e interactivos, que impelen al visitante a despojarse del rol pasivo que imponían los diseños museísticos anteriores a la era de las nuevas tecnologías.


Del mundo al museo. Diseño de producto, patrimonio cultural, la magnífica exposición que recibe al visitante –al estar situada en la primera planta-, cuenta con una puesta en escena que recuerda, por su gran afán de contextualizar y mostrar la evolución histórica de sus piezas  –ya sea a través de las cronologías expuestas en las paredes de la sala o por las indicaciones en el suelo de la misma- al insuperable museo The Story of Berlin.

¡Extraordinarias! Colecciones de artes decorativas y artes de autor, situada en la segunda planta, destaca por su profusión de pantallas interactivas, que permiten a los visitantes localizar un objeto y obtener importante información del mismo a partir de diferentes criterios de búsqueda (tipología, material y cronología).

El cuerpo vestido. Siluetas y moda (1550–2015), en la tercera planta y con una iluminación sensiblemente más tenue que en las anteriores, resulta un viaje fascinante por la historia del ropaje, especialmente por su espléndida colección de miriñaques y corsés y por incluir un traje moderno en cada una de las etapas del recorrido, lo que recuerda que cualquier innovación presente se nutre de los ecos del pasado.

El diseño gráfico: de oficio a profesión (1940-1980), la exposición sita en la última planta, resulta toda una delicia visual y una loa a la añoranza. Su diseño expositivo, que recuerda poderosamente al del Museo del Cómic de Bruselas, permite al visitante, además, un recorrido sosegado, toda vez que cuenta con mullidos asientos para hacer un descanso y contemplar las magníficas vistas que ofrecen los amplios ventanales del edificio.

A pesar de la riqueza de este fondo museístico, se echa en falta, no obstante, la presencia de algunos objetos, como, por ejemplo, los relacionados con el tabaco –no sabemos si por ausencia de los mismos o por una práctica de lo políticamente correcto rayana en el exceso- o con el calzado –resulta incomprensible que el fondo de ese espacio museístico, radicado en la preciosa Plaça de Sant Felip Neri, no se halle integrado a este nuevo centro expositivo. En cualquier caso, la visita al Museo del Disseny de Barcelona resulta sumamente enriquecedora y brinda, además, la posibilidad de adentrarse en un edificio ya emblemático que también da cobijo, por cierto, a la biblioteca El Clot-Josep Benet y el Centre de Documentació.



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