19 de abril de 2016

Joseph Klibansky en el Palazzo Franchetti



Escenario desde hace años de los más variados eventos culturales, el Palazzo Franchetti fue erigido en 1565. Desde entonces, sus sucesivos e ilustres habitantes emprendieron toda una serie de reformas que harían de él uno de los palacios venecianos más emblemáticos de la ciudad. Así, en 1840, el archiduque Federico Fernando de Austria, en su afán por dar una mayor presencia a la Casa de los Habsburgo en el Gran Canal –tras las Guerras Napoleónicas, Venecia había pasado a formar parte del extinto Imperio Austrohúngaro–, se embarcó en un ambicioso proyecto arquitectónico que se vería pronto truncado por su temprana muerte.


Poco tiempo después, el palacio sería comprado por el Conde de Chambord, que confió las nuevas restauraciones a Giambatista Meduda, artífice del imponente jardín que es hoy uno de los puntos más visibles del Gran Canal. Décadas más tarde, en 1878, el palacio cambiaría de propietario cuando el barón Raimondo Franchetti lo comprara. El noble, perteneciente a una de las familias más ricas del Mediterráneo, encargaría nuevas reformas a Camillo Boito, quien construiría la famosa escalinata interior. Finalmente, ya en el siglo XX, concretamente en 1922, el palacio fue adquirido por el Istituto Federale di Credito per il Risorgimento delle Venezie, pasando, más tarde, a formar parte del Istituto Veneto di Scienze, Lettere ed Arti.

Todas las actividades culturales que, desde hace años, alberga el Palazzo Franchetti son organizadas, promovidas y administradas por VIC (Venice Cultural Initiatives), una firma constituida en 1999 que también gestiona los eventos culturales celebrados en otro de los edificios del Istituto Veneto di Scienze, Lettere ed Arti, el también singular Palazzo Loredan.

Todas esas actividades y eventos culturales tienen en común una decidida apuesta por las nuevas tecnologías, que se ve secundada por los sofisticados equipos tecnológicos con los que cuentan ambos palacios. No obstante, ese uso, que no abuso, de la tecnología no opaca un ápice las exposiciones que suelen albergar los palazzos. Un buen ejemplo de ello sería Beautiful tomorrow, la fantástica muestra que desde el 24 de marzo y hasta el 1 de mayo puede visitarse en el Palazzo Franchetti.


Esta exposición, la primera en solitario en Italia de Joseph Klibansky, reúne 30 obras que reflejan la evolución de uno de los artistas contemporáneos más interesantes de los Países Bajos. La muestra, que cuenta con el apoyo de la BVDS Gallery, constata, además, la pericia de Klibansky en el manejo de la resina, el bronce o el pan de oro, materiales que le sirven para construir esculturas insólitas, entre las que destacan las realizadas con resinas de diferentes colores, de grandes dimensiones, en su mayor parte, y con un elemento común, una silla. También resultan sumamente sugerentes sus obras realizadas en bronce –especialmente la de las tortugas doradas inmersas en una suerte de selva tropical o el feto y la calavera doradas, que representan el inicio y final de la existencia de todo ser humano–; sus cuadros fotográficos, en los se muestran reconocibles paisajes urbanos inmersos en entornos increíbles –destaca el retrato de una Londres atravesada por canales que remite a la capital del Véneto–, y, sobre todo, el gorila ceñudo que sopla una trompeta de juguete –imagen de la exposición y que cuenta con una asombrosa puesta en escena en el suntuoso salón de baile del edificio– y el imponente astronauta, de siete metros, que se balancea sobre una silla gigante en el gran jardín del edificio que da al Gran Canal, que ya ha sido escenario, por cierto, de otras sorprendentes instalaciones artísticas.


A todo ello habría que añadir el excelente savoir faire de los comisarios de la exposición, que han sabido aunar a la perfección el arte más rabiosamente moderno con la suntuosidad del magnífico palazzo y las obras que en él se conservan desde hace centurias.

Exposición excelsa, en definitiva, no sólo por el valor de sus obras, sino por su puesta en escena y por el espacio en el que se enmarca, Beautiful tomorrow difícilmente dejará indiferentes a los amantes del arte y la cultura que estos días tengan la fortuna de hallarse en la preciosa Venecia.



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