3 de noviembre de 2015

Museo Astrup Fearnley. Una visita imprescindible


Entrada al Museo

En un país donde la cultura tiene un importante peso y las ayudas públicas encaminadas en su defensa y promoción no son ni siquiera cuestionadas, el Museo Astrup Fearnley resulta ser una rara avis, al contar, para su financiación, con fuentes privadas gestionadas por una junta de filántropos interesados en el mundo del arte contemporáneo.

Fundado en 1993, este espacio museístico se gestó, de hecho, a partir del fondo reunido durante años por Astrup Fearnley, un empresario noruego perteneciente a una conocida familia de magnates navieros.

Aquella importantísima colección que, con el devenir de los años, ha ido nutriéndose con nuevas adquisiciones, ha acabado convirtiéndose en el fondo de arte contemporáneo más importante del país nórdico y en uno de los más destacados del Viejo Continente.

Hace menos de un lustro, en 2012, el museo cambió su ubicación original y su fondo pasó a estar albergado por un impresionante edificio de más de 7000 metros cuadrados y obra del reputado arquitecto italiano Renzo Piano, diseñador de edificios tan emblemáticos como el parisino Centre Georges Pompidou, el Shard londinense o el futuro Centro Botín, radicado en Santander.



Más allá de su atractivo contenido –dividido entre su colección permanente y sus espectaculares exposiciones temporales, dedicadas tanto a artistas contemporáneos noruegos como internacionales-, el Museo Astrup Fearnley recibe cada año miles de visitas gracias, precisamente, a la obra Renzo Piano.

En todo ello influye sobremanera que el arquitecto italiano haya optado por seguir el ejemplo de los muchos nuevos conjuntos arquitectónicos de la capital noruega, de reciente o futura construcción, cuya concepción se ha adaptado perfectamente a su entorno más inmediato y entre los que destacaría, sin duda alguna, el imponente edificio que hoy alberga a la Ópera. Así, para diseñar el Museo Astrup Fearnley, Renzo Piano también se ha inspirado en la naturaleza, y, especialmente, en las embarcaciones que, desde hace siglos, los noruegos –un pueblo eminentemente marinero- han empleado, con pericia y maestría, para surcar los mares.

Terraza

Construido en madera y coronado por un espectacular techo de cristal curvado, el edificio de Renzo Piano se halla dividido en dos mitades por el agua y dispone de unas enormes columnas de acero que, aparejadas mediante cables, evocan poderosamente la forma de un velero.

Y, por si todos esos atractivos no fueran suficientes para el visitante no demasiado interesado y/o versado en el arte contemporáneo, el Museo Astrup Fearnley cuenta con una cafetería que ofrece unas espléndidas vistas al mar, una tienda -surtida con toda suerte de los habituales suvenires museísticos y una interesante selección de títulos dedicados al arte contemporáneo-, una pequeña playa privada y un parque en el que abundan esculturas facturadas por diferentes artistas, tanto noruegos como internacionales.

Vistas desde el Fiordo de Oslo Foto de GhirlandajoCC BY-SA 4.0. Fuente Wikipedia

El Museo Astrup Fearnley se halla ubicado, por otra parte, en el vibrante barrio de Tjuvholmen, cercano al puerto y de visita obligada, al haberse convertido en los últimos años en una de las zonas de moda de la ciudad, repleta de numerosos restaurantes, galerías de arte y apartamentos de diseño.



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