10 de noviembre de 2015

Los rostros de Victoria Bergman. Una inquietante trilogía


Portada de la edición en español. Editorial Reservoir Books

Desde que Stieg Larsson publicara su famosa trilogía, son muchos los autores de novela negra que, en los últimos años, han ocupado con sus obras buena parte del escaparate de las grandes librerías a lo largo y ancho del Viejo Continente e, incluso, más allá, especialmente tras la traslación a la gran pantalla de la primera parte de aquella obra, Los hombres que no amaban a las mujeres. Sin embargo, ninguna otra trilogía adscrita al género negro había obtenido, hasta ahora, un éxito tan rotundo en ventas como el que hace más de una década convirtiera a Millennium en todo un fenómeno editorial.

Así, desde que, en un plazo de tiempo relativamente corto, se sucedieran las publicaciones de Persona, Trauma y Catarsis –los tres títulos que componen la trilogía de Los rostros de Victoria Bergman-, su historia ha atrapado a millones lectores de todo el mundo, llegando incluso a captar la atención de las productoras hollywoodienses, siempre ávidas de nuevos argumentos, lo que ha propiciado que sus derechos ya se hayan adquirido para rodar en breve una serie televisiva.

                                            Booktrailer 

Persona, primera incursión en la novela de sus autores, Håkan Axlander Sundquist –ingeniero de sonido y músico- y Jerker Eriksson –bibliotecario de prisión después de haber desempeñado oficios varios--, se gestó a raíz la profunda crisis que ambos atravesaron prácticamente a la vez y que dio pie a que iniciaran una exitosa carrera literaria bajo el pseudónimo de Erik Axl Sund.

Tanto aquella primera obra como las dos entregas que habrían de sucederla siguen la pista a un muy complejo personaje, Victoria Bergman, superviviente de una infancia marcada por la violencia extrema, los abusos sexuales y el incesto, que, ya en edad adulta, desarrollará un trastorno de la personalidad que la llevará a adoptar diferentes personalidades y a verse inmersa en una complicada trama de asesinatos de niños indocumentados y procedentes de otros países.

A pesar de la dureza extrema con la que se describen los más bárbaros actos que un ser humano puede acometer, la trilogía de Erik Axl Sund, con su ritmo ágil y sus numerosos y asombrosos giros argumentales, atrapa al lector desde sus primeras hasta sus últimas páginas. Sin embargo, y al igual que Larsson hiciera con su famosa trilogía, en Los rostros de Victoria Bergman pesa tanto el inquietante, sórdido e, incluso, angustiante, hilo argumental como el marco temporal y espacial en el que se circunscribe, que propicia que se puedan abordar temas como el de las redes internacionales de pederastia, la crítica descarnada a la actual sociedad sueca –cada vez más alejada, al parecer, de los principios que generaron su envidiado estado de bienestar-, o la turbiedad que puede envolver las intenciones de algunas de las muchas ONGs que operan en África.

Los rostros de Victoria Bergman resulta especialmente interesante, además, por el retrato psicológico que se hace de su principal protagonista y de todos aquellos que, en algún momento, jugaron un importante papel en su vida, lo que da pie a interesantes reflexiones sobre el origen y las consecuencias de la violencia -¿se convierten siempre en verdugos las víctimas?, ¿existe la redención?- o escenas tan logradas como la que describe los celos de una niña víctima de maltratos y violaciones por parte de su progenitor cuando éste muestra interés por la menor africana que trabaja en la casa familiar en calidad de sirvienta.

Obra, en definitiva, envolvente, Los rostros de Victoria Bergman también depara al lector momentos trepidantes, aunque ni la acción, ni siquiera los asesinatos presentados en las tres novelas y en los que se apoya la trama central de la historia, tengan tanto peso como la disección de Victoria Bergman, un personaje atípico y complejo.



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