25 de marzo de 2014

La Pedrera Secreta. Mágica incursión en el universo gaudiano


Fuente: Wikipedia
A principios del pasado siglo, el Passeig de Gràcia se había convertido en la más importante arteria de la Ciudad Condal y en la calle elegida por la burguesía más pudiente para edificar sus suntuosas viviendas. Siguiendo esa moda, el acaudalado matrimonio Milà contrató los servicios del arquitecto Antoni Gaudí para que construyera un edificio que habría de servirles de vivienda y fuente de ingresos, pues varias de sus plantas se destinarían al alquiler.

A pesar de la fama de Gaudí, la construcción del edificio no estuvo exenta de dificultades, pues su diseño contravino varias ordenanzas municipales, lo que implicó que los Milà abonaran cuantiosas multas al ayuntamiento. Además, las profundas desavenencias con sus clientes impelieron a Gaudí a abandonar el proyecto en su fase final –dejándolo en manos de sus ayudantes- y, poco más tarde, a demandar al matrimonio por el impago de sus honorarios.

Para colmo de males, una vez finalizada, la Casa Milà no gustó a casi nadie, ni a sus propios propietarios, y fue motivo constante de chascarrillos y burlas por parte de la prensa, que la apodó con el despectivo nombre de La Pedrera – La Cantera, en castellano. Afortunadamente, nada queda ya del menosprecio e incomprensión del que hicieron gala los periodistas de la época y hoy La Pedrera, reconocida por la UNESCO, es uno de los monumentos más emblemáticos de la Ciudad Condal y, desde que Caixa de Catalunya se hiciera cargo de ella y abriera sus puertas al público en 1987, también es uno de los más visitados.

Hace un tiempo, y para conmemorar el centenario de su construcción, la fundación que gestiona la Casa Milà diseñó un recorrido llamado La Pedrera Secreta que, con el formato de visita guiada, permite acceder a todos los espacios abiertos al público –la cuarta planta, el desván y la terraza- cuando ya ha anochecido.

Envuelto por el halo mágico, onírico, que sólo la noche puede imprimir a un monumento de las características de La Pedrera, el recorrido por su interior se constituye como una oportunidad única de sumergirse en el universo gaudiano en su etapa más naturalista, cargada de simbología cristiana –como el resto de la obra del genial arquitecto catalán-, pero desprovista ya de cualquier elemento arquitectónico de corte clásico.

Gracias a la labor de entregados y entusiastas guías, los visitantes podrán apreciar, además, la perfecta e inusual simbiosis entre creatividad y practicidad de los diseños de Gaudí, especialmente constatable en muchos de los accesorios que el arquitecto ideó pensando siempre en el uso que de ellos harían sus propietarios.

No cabe duda, sin embargo, de que el plato fuerte del recorrido se halla en su tramo final, en el desván –que recrea el interior de una ballena- y la terraza –presidida por los famosos guerreros que habrían de ser fuente de inspiración de George Lucas en su primera trilogía de La Guerra de las Galaxias.

Fuente y autor: Un Mundo Cultural
Si bien el carácter nocturno, al acentuar esa pátina de irrealidad que impregna el universo gaudiano, es uno de los mayores atractivos de La Pedrera Secreta, la puesta en escena de la visita –articulada a base de hologramas y proyecciones audiovisuales- no podría haber resultado más acertada en su apuesta por la sobriedad y en su intento por mostrar la vida de los inquilinos que ocuparon la Casa Milà durante buena parte del siglo XX.

Una proyección musical en la terraza y una copa de cava servida en uno de los patios interiores ponen el punto y final a una actividad cultural cuyo único punto negativo radica en un precio no asequible, desgraciadamente, para todos los bolsillos -30 euros la entrada ordinaria, 49 si se opta por la que incluye una cena ofrecida en el Café de La Pedrera


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