7 de noviembre de 2012

Birka. Tras las huellas vikingas



Fuente: Wikipedia; Autor: Holger.Ellgaard

Prodigio de la naturaleza, el extenso lago Mälaren – el tercero, en amplitud, de Suecia – alberga, en sus casi 1200 kilómetros cuadrados, numerosas e idílicas islas que, por su proximidad con Estocolmo, atraen cada año, especialmente en el período estival, a numerosos visitantes, tanto nacionales como extranjeros.

Entre todas esas islas - que en los momentos más álgidos del estío doblan, e incluso triplican, su población - se halla Björko, lugar donde, en el siglo VIII, se fundó la que se considera como la ciudad más antigua de Suecia, Birka.

Importante centro de producción artesanal, Birka fue también un poderoso enclave comercial al que llegaron productos de lugares entonces tan lejanos y exóticos como China. Tan intensa actividad comercial vino acompañada, inevitablemente, de un aumento de su población, llegando a alcanzar los 1500 habitantes.

Fuente:  Greatarchaeology

Sin embargo, y tras dos siglos de intensa actividad, el esplendor de Birka empezó a declinar y otra localidad, Sigtuna, se hizo con el control comercial y de producción artesanal de la región. Hoy, once siglos más tarde, Birka se ha convertido en el mayor centro arqueológico de época vikinga, lo que la hizo merecedora, en 1993, de ser incluida en la lista de lugares que conforman el Patrimonio de la Humanidad de la Unesco.

Mucho antes, en 1931, ya se habían iniciado los trabajos de conservación del antiguo enclave comercial, lo que, sin duda, a lo largo de los años, ha atraído a numerosos estudiosos de ese período histórico e, igualmente, a muchos de los turistas que viajan a Estocolmo, pues de la capital sueca parte cada día, durante los meses de verano, un barco con destino a Björko, una isla que, además de albergar a Birka, es un auténtico ejemplo del ensoñador paisaje sueco y del empeño de los habitantes de aquel país escandinavo por preservar su entorno natural – manteniéndolo impoluto – y por recuperar, salvaguardar y reivindicar su pasado histórico.

De hecho, Birka ofrece al visitante la posibilidad de trasladarse a una época remota gracias a la cuidadísima reconstrucción de un poblado vikingo y a la presencia de un original museo donde se exponen parte de las piezas halladas en las excavaciones que tienen lugar en la isla - y recuperadas, en buena parte, de las aguas del Mälaren -, numerosas reproducciones de objetos cotidianos de época vikinga y una interesante maqueta de Birka en el momento de su máximo esplendor.

Además, en Birka aún pueden apreciarse los vestigios de las gruesas murallas que se erigieron como fuerte defensivo, las más modernas röd stuga – diseminadas por toda la isla y algunas de ellas habitadas permanentemente – y, sobre todo, las magníficas vistas que se ofrecen desde la colina donde se erigiera la cruz en honor a Ansgar, el monje benedictino de origen alemán que hizo posible que Birka fuera la primera congregación cristiana del país.

Si bien es cierto que ni el precio de la entrada al museo de Birka ni el del pasaje del barco que lleva a la isla de Björko  – guía ataviado de vikingo incluido – resultan todo lo asequibles que uno quisiera, vale la pena pasar un día en la isla y disfrutar de todos sus atractivos, además de deleitarse, tanto en el trayecto de ida como de vuelta en barco, de las preciosas vistas ofrecidas por el lago Mälaren.


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