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19 de septiembre de 2012

Headhunters. Un thriller casi perfecto





Basada en una obra del exitoso escritor noruego Jo Nesbø y con un tráiler promocional sumamente atrayente, Headhunters prometía ser un film, cuando menos, inquietante.  Afortunadamente, y lejos de truncar las expectativas que, las más de las veces, crean esas cartas de presentación, el film del también noruego Morten Tyldum ha resultado ser una muestra más de ese buen cine facturado en el norte de Europa que aquí nos llega con cuentagotas.

De hecho, la fría, casi gélida, ambientación de Headhunters, unida a la pericia de Tyldum – quien, a pesar de la violencia de la historia de Nesbø, logra una dirección elegante en casi todo el metraje - y una voz en off al principio del film- que recuerda poderosamente al cine negro de otras épocas en las que primaba la calidad y no el afán de hacer taquilla – seducen desde el primer fotograma.

Sin embargo, y aunque film negro de acción netamente bien ejecutado, Headhunters es también y sobre todo un thriller psicológico cuyo leit motiv lo constituye un duro retrato del ejecutivo estrella y una sugerente reflexión sobre lo que es capaz de llegar a hacer el ser humano en su afán por enriquecerse y gozar de un alto status social.

No obstante, lejos de ralentizar el film con una reflexión de tanta enjundia – Headhunters es, de facto, uno de los films más trepidantes del año-, Morten Tyldum no le da respiro al espectador y le regala, además, momentos hilarantes, absolutamente deudores del humor más negro e, incluso, escatológico – la escena de la letrina repleta de heces es de la que se quedan por mucho tiempo impresas en la memoria.



Tyldum, por otra parte, consigue que el espectador acabe sintiendo simpatía – o incluso confraternizándose – con su principal protagonista - un ser sumamente despreciable y representativo de los tópicos más comunes del ejecutivo agresivo-, que verá como su exitosa vida se troca en un rápido y doloroso descenso al averno.

Sin restar ni un ápice al buen hacer de Tyldum, no cabe duda que la solidez del texto de Nesbø hace posible no sólo un ritmo bien sostenido y aderezado con diversos giros de trama, sino el retrato de unos personajes con una profundidad psicológica completamente alejada de los arquetipos maniqueos y al más puro cliché al que nos tiene acostumbrados el cine hollywoodiense más palomitero.

A Headhunters, no obstante, le sobra más de una escena inverosímil, rocambolesca incluso, y, sobre todo, la rápida resolución del misterio que articula todo el film – ventilado en pocos minutos –, amén del tono narrativo adoptado en los momentos finales, de chirriante encaje con todo el ritmo acelerado y el dramatismo que antecede.

Todo ello no impide considerar a Headhunters como uno de los mejores platos de la cartelera. Así han debido verlo en Hollywood, donde, comprados los derechos, ya se prepara un remake que, a tenor de la calidad del film noruego y sus más que solventes actores –el trío protagonista borda sus papeles-, se antoja innecesario, por lo que tan sólo cabe esperar que no resulte tan fallido como la versión norteamericana de Los hombres que no amaban a las mujeres


20 de enero de 2012

Millenium I. Otro remake fallido




Hace poco más de un mes nos preguntábamos sobre la necesidad de filmar un remake de una película tan reciente y tan bien facturada como la primera parte de la trilogía de Millenium, Los hombres que no amaban a las mujeres. Entonces, el visionado del impactante tráiler del film americano y el hecho de que su autoría hubiera recaído en las manos del inquietante y oscuro David Fincher nos hizo albergar algunas esperanzas sobre la valía de esta nueva revisión de la obra del desaparecido Stieg Larsson.

Lamentablemente, tras el pase de los títulos de crédito del film de Fincher (sin duda, uno de los mejores momentos de esta película), esas esperanzas se desvanecen muy rápidamente, poniendo en evidencia que nos hallamos ante un producto con un llamativo y vistoso envoltorio cuyo contenido se revela insulso casi de inmediato, toda vez que es incapaz de hacer justicia ni al film que le precede ni a la novela en la que se inspira.

Para empezar, y si bien es verdad que esta versión mantiene la acción de la historia en Suecia y resulta más fiel que el film sueco (a excepción de una más que discutible resolución final), poco capta de la esencia del libro original, con toda su crítica a la sociedad sueca y su duro discurso sobre las variadas formas de violencia a las que se siguen viendo abocadas las mujeres.

Tampoco aborda Fincher los pasajes más sórdidos de la obra de Larsson como se hubiera esperado de un director con una carrera como la suya; y así, si la primera adaptación cinematográfica de Millenium retrataba las escenas más duras de la obra original con sobriedad y sin caer en lo tremebundo, Fincher prácticamente transita por ellas de puntillas.

En esta versión americana se echa también en falta una mayor interacción entre sus personajes principales, que no comparten plano hasta bien entrado el metraje, para luego, casi inmediatamente, desgranar las claves de un misterio cuya resolución puede plantear alguna que otra duda a los espectadores que no hayan leído el libro.


Sin embargo, donde realmente hace aguas el film de Fincher es en su tratamiento de Lisbeth Salander, el principal personaje sobre el que gira toda la obra larssiana, una joven asocial, frágil pero fuerte, y con un código moral muy sui generis, que aquí queda reducida a un personaje de vestimenta extraña y enamoradizo, al que Rooney Mara no consigue dar aliento ni entidad, presumiblemente más por deficiencias de guión que por carencias interpretativas.

Evidentemente, no todo resulta negativo en el film de Fincher, quien conserva su gran pulso narrativo – aún a pesar de algún momento tedioso – y dota a su obra de una gran excelencia técnica, especialmente su prodigiosa fotografía, capaz de transmitir al espectador la inclemencia del clima sueco; amén de unos secundarios de lujo, cuyas interpretaciones, eso sí, no pueden ocultar la deficiencias de un guión que reduce a sus personajes a meros esbozos.

Una vez más se cumple aquel dicho de nunca segundas partes fueron buenas, y, lamentablemente, Los hombres que no amaban a las mujeres no ha resultado ser el film tenebroso y envolvente que se esperaba de un director como Fincher partiendo de un material tan interesante e inquietante como la obra del desaparecido autor sueco.

23 de noviembre de 2011

Millenium. ¿Por qué hacer un remake de un gran film?



Ahora que quedan pocas semanas para el estreno mundial de la versión americana de Los hombres que no amaban a las mujeres es un buen momento para recuperar el film sueco en el que se inspira (o copia, eso ya lo veremos) y preguntarse hasta qué punto era necesario filmar un remake de una película brillante y, encima, con tan pocos años de diferencia.

Los hombres que no amaban a las mujeres fue una grata sorpresa para gran parte de los lectores – se cuentan por legiones- que habían devorado con fruición la trilogía de Stieg Larsson. La película, rodada con un ritmo trepidante, pero alejado de los modelos más comerciales del cine de Hollywood, resultó ser, a pesar de algunos cambios, una adaptación fiel de la primera parte de la trilogía escrita por el fallecido autor.

Además, el film también permitió el descubrimiento del enorme talento interpretativo de una actriz como Noomi Rapace, cuyo trabajo hubiera sido, sin duda, premiado con una nominación a los Oscar de haber sido el film rodado en Estados Unidos. De hecho, a los que disfrutamos con el libro y apreciamos el buen trabajo hecho con su traslación a la pantalla grande, se nos hace ya difícil desvincular el rostro de esta actriz sueca de sangre española del inquietante y complejo personaje - Lisbeth Salander - recreado por la pluma de Larsson.


A estos méritos habría que añadir la forma oscura y sinuosa en la que fue rodado el film que, sumado a una inquietante banda sonora, captó a la perfección la propia esencia del libro e hizo posible que un largo metraje no resultara plúmbeo en ningún momento.

Para abordar la versión americana parece que no se ha empezado con mal pie. Su director, David Fincher, ha facturado algunos de los títulos más oscuros e interesantes de los últimos años. Sin embargo, ¿qué necesidad había de volver a adaptar de nuevo la obra de Larsson? Es evidente que la respuesta cabe hallarla en la crisis de creatividad que desde hace años asola a Hollywood- que no al cine independiente –y a esa fijación por adaptar a la realidad americana éxitos del cine europeo (incluso el cine español vio reconvertido un film como Abre los ojos en un inclasificable producto llamado Vanilla Sky).

Mientras esperamos el estreno de la nueva adaptación (es de justos reconocer que el tráiler es sumamente impactante) no podemos dejar de hacernos algunas preguntas: ¿estará la actriz americana a la altura de un personaje como Lisbeth y, sobre todo, de la interpretación de Rapace?, ¿cómo serán abordadas las no muy explícitas, pero sí durísimas, escenas de abuso sexual del original sueco?, ¿cómo se mostrarán los episodios más negros de la historia reciente sueca que tanto el libro como su adaptación fílmica tratan sin pelos en la lengua?, ¿eclipsará Daniel Craig, con su creciente fama, la trama del film?


Nos mantenemos en inquieta espera.
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