18 de octubre de 2016

Museo de Arte Contemporáneo de Dubrovnik



Visita imprescindible para cualquier amante la cultura y del arte, el interesantísimo Museo de Arte Contemporáneo de Dubrovnik no suele hallarse debidamente presentado en el itinerario propuesto por algunas de las más afamadas guías de viajes destinadas a viajeros independientes, muy probablemente porque la vieja perla del Adriático parece haberse convertido en uno de los destinos predilectos del turismo de sol y playa.


Inaugurado poco después de la finalización de la Segunda Guerra Mundial, este espacio museístico se ha regido siempre por el principio de reunir, conservar, estudiar y exhibir el mayor número posible de obras realizadas durante la época moderna y contemporánea, especialmente las de aquellos artistas vinculados, de una manera u otra, a la historia de la ciudad. En pos de ese objetivo, y tras fomentar una política de adquisición que se vertebra en tres vías ―compra, donación y regalos―, los gerentes del museo han conseguido reunir un fondo que alcanza hoy unas 3000 piezas.


Entre esas obras destacan trabajos de artistas locales como Vlaho Bukovac, Ivo Dulcic, Anton Masle, Marko Recka, Gabro Rajčevič o Iván Ettore; a lo que habría que añadir las cesiones, para exposiciones temporales, de trabajos de creadores hoy en activo, emergentes o consagrados. No obstante, y como tantos otros espacios expositivos dedicados al arte de la última centuria y al de los albores del presente siglo, el Museo de Arte Contemporáneo de Dubrovnik no sólo resulta interesante por su contenido y su diseño expositivo, sino por su continente.


El museo se halla albergado, de hecho, en una lujosa mansión diseñada por arquitectos de reconocido prestigio ―Lavoslav Horvat y Harold Bilinić, que se inspiraron en elementos de la arquitectura gótica y renacentista― y construida entre 1935 y 1939 para Božo Banac, un entonces muy conocido empresario naval. Tras la Segunda Guerra Mundial, sin embargo, la mansión pasaría a formar parte de Yugoslavia y posteriormente, una vez desmembrado este estado, de la actual República de Croacia.

Dividida en tres plantas, la hermosa mansión alberga nueve galerías, separadas por paneles, que ofrecen al visitante un recorrido cronológico, que se inicia en la segunda planta, partiendo de los trabajos de reconocidos artistas croatas del siglo XIX, y culmina en el piso superior con exposiciones temporales que muestran el trabajo de artistas en activo, nacionales e internacionales. El recorrido cuenta, además, con trabajos de enorme valor no sólo artístico, sino histórico, como la colección fotográfica que, obra de diferentes artistas, muestra el cruento conflicto de los Balcanes durante la última década del siglo pasado, una herida abierta aún hoy en la memoria colectiva y cuyas secuelas físicas todavía pueden percibirse tanto en el casco antiguo de Dubrovnik como en las inmediaciones del mismo.


Por otra parte, el museo también alberga interesantísimas obras escultóricas de Ivan Mestrovic, Frano Kršinić y Robert Frangeš Mihanović, situadas, en su mayor parte, en la terraza de la segunda planta, un amplio espacio que ofrece vistas impresionantes del mar Adriático, de la Isla de Lokrum, y del cercano casco antiguo, cuya puerta de Ploce, una de las entradas a la ciudad vieja, se halla a tan sólo a diez minutos a pie del museo.


Por todo lo que antecede, y a pesar de una iluminación defectuosa en algunos de los tramos del recorrido ―por el exceso de sol que impide ver correctamente algunas obras, amén de dañarlas―, este museo difícilmente dejará indiferente a ningún amante de la cultura. Su acceso, además, resulta sumamente asequible si se adquiere una entrada que permite visitar otros interesantes espacios museísticos de la ciudad.



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