15 de diciembre de 2015

Los libros en The New Yorker. Una exquisitez visual


Cubierta 'Los libros en The New Yorker'. Editorial: Libros del Asteroide

Hace poco más de un año reseñábamos El dinero en The New Yorker, la primera de las tres recopilaciones temáticas que la editorial Libros del Asteroide ha publicado a partir de unas muy cuidadas selecciones de las famosas viñetas humorísticas editadas por la celebérrima publicación estadounidense, hoy todo un referente cultural dentro y fuera de Estados Unidos.

Fundada en 1925 por el matrimonio de periodistas Harold Ross y Jane Grant, The New Yorker ha concedido siempre una especial importancia al mundo literario. De hecho, muchas obras, hoy ya clásicos de la literatura universal, han visto la luz, en formato de entregas, en sus páginas y su sección de críticas literarias cuenta con un más que notable prestigio. Por ello, tras la publicación de El dinero en The New Yorker y La oficina en The New Yorker, resultaba prácticamente imperativa la publicación de una exquisitez visual como Los libros en The New Yorker.

Articulada en torno a cuatro secciones –autores, editores, lectores y libreros-, Los libros en The New Yorker se compone de casi doscientas viñetas, una cuidadísima selección -obra de Miguel Aguayo, quien también se ha encargado de la traducción de los textos- que, con un humor sutil pero incisivo, muestra en lo que se ha convertido gran parte del sector editorial, una industria casi por completo volcada en el éxito rápido y, al parecer, poco interesada en la calidad narrativa y argumental.

El capítulo dedicado a los editores resulta en ese sentido especialmente interesante, pues en él se hallan múltiples ejemplos sobre la primacía absoluta que muchos de aquéllos otorgan a la comercialidad a hora de decidir si una obra merece o no ser publicada. Sumamente ilustrativas son, por ejemplo, la viñeta de la página 70, en la que un autor le confiesa a su editor que La historia es inventada, pero los nombres son reales, para subir las ventas, o la de la página 91, donde dos editores, ante un escritor medio enfadado, medio sorprendido, comentan Es una buenísima novela negra, pero nos preguntábamos si podrías volverla sueca.

Las otras secciones del libro resultan quizá menos despiadadas, aunque en ellas se ataque con vehemencia el ego y la pedantería de la que, a veces, ¿quizás demasiadas?, hacen gala lectores, libreros y, especialmente, escritores. De hecho, son muchas las viñetas que ahondan en el estereotipo del escritor artista, esclavo de su inspiración, bloqueado no pocas veces ante la página en blanco e intolerante a cualquier crítica a su obra que tenga a bien realizarle alguno de sus allegados, agentes, editores o público.

A pesar de los diferentes temas y protagonistas abordados y de que los autores de las viñetas pertenezcan a épocas diferentes, Los libros en The New Yorker cuenta con una coherencia narrativa e incluso visual, sustentada en el blanco y negro, en escenas articuladas en torno a muy pocos personajes –dos o tres en la mayoría de las viñetas-, y, sobre todo, a ese humor cáustico, mordaz, incisivo, sutil, inteligente y con un punto cruel que caracteriza la línea editorial de la revista.

Obra, por lo demás de rabiosa actualidad, a Los libros en The New Yorker tan sólo podría achacársele que no se incluya la fecha en la que las viñetas fueron realizadas ni tampoco figure en el apartado final, donde constan los nombres de los historietistas, la fecha de nacimiento y muerte, si procede, de aquéllos. En cualquier caso, a los lectores más exigentes siempre les queda el recurso de acudir al repositorio de la revista, The Cartoon Bank, donde pueden hallarse todas las viñetas publicadas por The New Yorker hasta la fecha y acompañadas de una muy completa ficha.



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