1 de diciembre de 2015

La cata. Una exquisitez literaria y visual


Cubierta de La Cata. Editorial Nórdica. Ilustrada por Iban Barrenetxea

Escritor, dramaturgo, poeta, guionista –de historias propias y ajenas- e, incluso, presentador de televisión, Roald Dahl es, sin duda alguna, uno de los autores británicos más importantes de la pasada centuria.

De ascendencia noruega, aunque nacido y criado en Gales, Roald Dahl es hoy especialmente recordado por sus relatos infantiles, algunos de los cuales han sido adaptados a la gran pantalla, como, por ejemplo, James y el melocotón gigante -film dirigido por Henry Selick y producido por Tim Burton en 1996-, Matilda -también rodada en 1996 y dirigida y protagonizada por Danny DeVito- y, sobre todo, Charlie y la fábrica de chocolate, una joyita del Séptimo Arte dirigida hace una década por el inigualable Tim Burton, quien para la ocasión contó con su actor fetiche, Johnny Depp, y su compositor favorito, Danny Elfman.

No obstante, y a pesar de que Dahl es precisamente recordado por esos y otros títulos destinados a un público eminentemente infantil –aunque hayan logrado cautivar a lectores de muy variadas edades-, el escritor británico también dejó para la posteridad un buen número de historias concebidas para un público adulto.

Entre esas últimas obras se halla La cata, un relato corto publicado por primera vez en 1945 por la revista Ladies Homes Journal y más de un lustro después, en 1951, por la celebérrima The New Yorker.

Circunscrita en un marco espacial y temporal muy acotado –una velada en el salón de una mansión de familia londinense acomodada-, La cata narra, de la mano de uno de los invitados a la cena, una curiosa historia protagonizada por un exitoso corredor de apuestas con ínfulas artísticas y culturales y un afamado gastrónomo y sumiller, quienes, siguiendo su política de apostarse una caja de vinos en cada cena que se encarte, en esta ocasión llegan a ofrecer en premio a la hija del primero y las propiedades del segundo.

No cabe duda de que La cata es un más que notable ejemplo del excelentísimo savoir faire de su autor. De hecho, y a pesar de su brevedad y de un formato narrativo que remite a una pieza teatral, en esta obra se dan cita aquellos ingredientes que hicieron de Dahl un prosista excepcional, a saber, un estilo depurado, personajes bien definidos, diálogos brillantes, un ritmo sostenido y cautivador, un final impredecible pero en absoluto forzado y, sobre todo, grandes dosis de ese humor británico, fino e inteligente, que no conoce de barreras culturales.

                                     Booktrailer de La Cata

Aun ya publicado con anterioridad en lengua española, la editorial Nórdica Libros ha querido recuperar este texto y para ello ha recurrido, como siempre, a una muy cuidada edición, con un exquisito diseño y formato –el libro ofrece la medida y pesos ideales de usabilidad para los lectores ya totalmente seducidos por epubs y demás plataformas digitales-, encuadernación en cartoné, tipografía adecuada para cualquier lector, papel de gran gramaje –aterciopelado al tacto y lo suficientemente mate como para no deslumbrar- y, sobre todo, la inclusión de las preciosas y delicadas ilustraciones de Iban Barrenetxea, que muestran a unos personajes que, caricaturizados, aunque no en exceso, e inmersos en una atmósfera netamente británica, remiten al lector a esas series de época que la BBC tan bien sabe facturar.

Ya sea por la exquisitez de la historia narrada, el excelente e igualmente exquisito trabajo de Barrenetxea o la fantástica edición de Nórdica Libros, La cata se constituye como un perfecto regalo para bibliófilos y amantes de la cultura y el arte, toda vez que viene a demostrar que al libro en formato papel, siempre que cuente con una calidad como la presente, aún puede quedarle un largo y prometedor recorrido.



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