29 de julio de 2014

El año de la plaga. Una muy bien construida trama


Portada de la edición en castellano. RBA
Sin vacaciones durante uno esos meses de agosto increíblemente calurosos y bochornosos con los que Barcelona suele obsequiar a sus habitantes y visitantes, Víctor Negro, un asistente social, intenta sobreponerse a una traumática ruptura amorosa y a los cada vez más intensos dolores de cabeza que, desde hace un tiempo, sufre con reiterada frecuencia.

Cuando, inusitadamente y sin motivo aparente, algunas de las personas que tiene a su cargo empiecen a cometer suicidio, Víctor, paranoico por naturaleza, no tardará en urdir una increíble hipótesis articulada a partir de la presencia, en las viviendas de todos los fallecidos, de una planta de la familia del eucalipto que desprende un fuerte y mareante olor.

Esta es la trama de la que parte El año de la plaga, la segunda novela del escritor Marc Pastor, una historia que, si bien no totalmente original en su concepción, resulta fascinante e hipnótica en su desarrollo.

Entre los muchos aciertos que hacen de El año de la plaga una obra de más que recomendable lectura se cuentan su excelente pulso narrativo –con un ritmo sosegado en un primer momento y, a medida que avance la historia, frenético y sostenido hasta el final-; una prosa cuidada y exenta de ampulosidades –resulta totalmente recomendable leer el libro en catalán si se domina el idioma-; unos muy bien construidos personajes –especialmente el de su principal protagonista y narrador de la historia-; y, por supuesto, las múltiples referencias a films, novelas, cómics, canciones o seriales facturados, principalmente, en la década de los noventa del pasado siglo y que, lejos de constituirse como un vistoso aderezo, se entretejen a la perfección con los hechos narrados.

La más importante de esas referencias, sin embargo, alude a una obra realizada muchos años antes, Los ladrones de cuerpos, la emblemática novela de ciencia ficción que Jack Finney escribiera en 1955 y que, desde que se editara, ha conocido cuatro adaptaciones cinematográficas, entre las que destacan la primera, realizada por el cineasta Don Siegel tan sólo un año después de la publicación del relato, y la segunda, filmada por Philip Kaufman en 1978 y quizá la más conseguida de todas las traslaciones a la gran pantalla de la historia del novelista estadounidense, un film muy premiado en su tiempo y en el que Pastor parece haberse apoyado para desarrollar el argumento de su obra.

Sería, no obstante, erróneo pensar que la novela de Pastor es otra más de las muchas adaptaciones, más o menos confesas, a las que ha dado pie la novela de Finney. El año de la plaga, de hecho, depara al lector una sorpresa tras otra a medida que se aproxima a su conclusión, un punto final tan elaborado que, incluso podría escapar a las verdaderas intenciones de su autor, propiciando que las interpretaciones de los lectores puedan llegar a ser tan válidas, aun distantes, como las que movieron a Pastor a redactar su obra.

El año de la plaga resulta, en definitiva, una obra que difícilmente dejará indiferentes a los aficionados de la ciencia ficción, un género que, independientemente de su formato –literario, cinematográfico, cómic, televisivo e, incluso radiofónico-, ha servido, en innumerables ocasiones –y ésta no es una excepción-, para plantear al lector, espectador u oyente, aquellas preguntas sin respuesta que la humanidad lleva haciéndose desde su propia génesis.

Como recomendación, y sin ahondar demasiado –no quisiéramos incurrir en un odiado spoiler- se recomienda encarecidamente a los lectores que presten especial atención a la/s página/s 214. Por nuestra parte, emplearemos el verano en abordar la lectura de las obras de Pastor que preceden y suceden a esta tan lograda novela.


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