24 de octubre de 2012

La isla de los olvidados. Otra interesante muestra de cine nórdico





Situada a una hora escasa de Oslo, la Isla de Bastøy, da hoy cobijo a una de esas prisiones noruegas que tanta controversia han suscitado en los medios de comunicación – especialmente a raíz del caso Breivik – por las condiciones dispensadas a asesinos y delincuentes. Lejos queda la dura vida – marcada por una austeridad llevada al extremo y por innumerables abusos psíquicos y físicos – a la que hubieron de hacer frente los jóvenes internados en el correccional, que, emplazado en el mismo lugar, estuvo activo desde 1900 hasta 1953.

Basada en hechos reales, Kongen av Bastøy (El rey de Bastøy) – título original de La isla de los olvidados – se centra en los momentos que antecedieron la rebelión protagonizada por unos jóvenes internos en la primavera del ya lejano 1915.


La temática de La isla de los olvidados, inscrita dentro del género carcelario, bien pudiera provocar una sensación de déjà vu entre los espectadores que hayan tenido ocasión de visionar su video promocional. Sin embargo, y aunque la cinta no esté por completo desprovista de algunos de los elementos más arquetípicos de este género – cierto maniqueísmo y un final previsible –, el noruego Marius Holst ha conseguido un film inquietante, repleto de momentos angustiosos – que no lacrimógenos – y sumamente sutil en la descripción de los hechos que trastocaron momentáneamente la gestión del correccional.

En ese resultado han influido, sin duda, un sólido guión – en el que se ha privilegiado la construcción de unos personajes con hondura psicológica y se ha obviado el fácil recurso de la violencia gratuita – y un reparto más que solvente, encabezado por el siempre efectivo Stellan Skasgard y un grupo de intérpretes muy jóvenes pero notables, aunque algunos de ellos no sean profesionales, ya que Holst quiso contar, desde el inicio, con ex internos de centros de menores.

Esas interpretaciones – sabiamente dirigidas hacia la contención y no a la siempre accesoria sobreactuación de la que se hace gala en otros filmes con un trasfondo tan duro como éste -, son secundadas por un tercer protagonista, el frío inclemente, ya que Holst trocó la primavera, momento en el que ocurrieron los hechos, por el gélido invierno noruego, lo que redunda, más si cabe, en la desazón que siente el espectador ante los hechos descritos.

Los atributos de La isla de los olvidados no se reducen, sin embargo, a esos acertados intérpretes y guión, ya que el film noruego - coproducido con Suecia, Francia y Polonia – cuenta también con una excelente fotografía, una muy interesante banda sonora y un montaje más que bien articulado, aunque poco arriesgado. Además, y si bien se echa en falta una explicación final sobre lo acontecido tras la rebelión protagonizada por los jóvenes reclusos y sobre más de una escena en la que se bordean más de lo necesario los consabidos arquetipos carcelarios, la mejor baza del film de Holst radica en las preguntas y reflexiones varias que su visionado plantea – la necesidad de la unión frente a la opresión, el sinsentido de una disciplina llevada al extremo o el peligro de que el poder se concentre en unas pocas manos – muy significativo es en ese sentido el título original del film, El rey de Bastøy.

La isla de los olvidados es, sin duda y en definitiva, una muestra más del casi siempre interesante cine nórdico, ése que nos llega en cuentagotas por estos lares pero que, generalmente, siempre deja un grato sabor de boca.


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