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14 de marzo de 2012

Vasamuseet. Una reconstrucción perfecta


Fuente y autor: OneHungLow

Con el fin de mostrar el poderío de Suecia frente a las potencias rivales, el rey Gustavo Adolfo II mandó construir en el siglo XVII el que habría de convertirse en el buque de guerra sueco más imponente de su tiempo. Presto a surcar los mares con sus 1200 toneladas de peso y sus amenazadores 64 cañones, el poderoso navío – bautizado con el nombre Vasa – zarpó de Estocolmo un 10 de agosto del ya remoto año 1628. Sin embargo, y para sorpresa de propios y extraños, el enorme galeón naufragó y se hundió a los pocos minutos de haber zarpado como consecuencia de un craso error de cálculo.

Obsesionado con esta historia, el investigador Anders Franzén inició en la década de los cincuenta del pasado siglo su particular cruzada para dar con el paradero del Vasa. Lo consiguió en 1956 y, unos años después y tras haber reposado durante más de tres siglos en las profundidades del mar, el malogrado navío fue recuperado y ensamblado pieza a pieza, cual un puzle, consiguiéndose así una reconstrucción perfecta del que es actualmente el único barco del siglo XVII que se conserva prácticamente intacto.

No obstante, ha sido la poca salinidad de las aguas, en las que estuvo sumergido durante más de trescientos años, lo que ha hecho posible que el Vasa conserve el 98% de sus estructuras en buen estado y se hayan podido recuperar también los enseres de la tripulación, sus aparejos y, sobre todo, las cientos de esculturas que formaban parte de su ornamentación y que representan desde deidades griegas a emperadores romanos pasando por escenas bíblicas.

Dada la importancia histórica y artística del Vasa y con el fin de que pudiera ser contemplado por el público, en 1990 abrió sus puertas el Vasamuseet, el que posiblemente sea el museo más visitado del país y que se encuentra radicado en la bella isla de Djugården (Estocolmo), donde también se halla el Skansen.


Una de las cosas que más poderosamente llama la atención al acceder a este museo sin igual radica en la tenue iluminación reinante en el recinto, que contrasta fuertemente con la vistosa y colorida ornamentación del navío y que responde al afán de preservarlo en la medida de lo posible; tarea ésta que resulta ardua, puesto que el proceso de deterioro se inició inmediatamente después de que el barco fuera recuperado del mar. Por ello, el equipo del museo está llevando a cabo desde hace años la prácticamente titánica labor de reproducir al milímetro las partes más deterioradas del Vasa para poder reemplazarlas con réplicas exactas.

El Vasamuseet, por otra parte, no sólo muestra el esplendor de lo que debió ser una especie de palacio flotante, sino que ofrece la oportunidad a sus visitantes de contemplar en detalle el navío a través de una fantástica maqueta. Además, el museo alberga diversas exposiciones temporales, una tienda, un restaurante, una sala de lectura y una sala de proyecciones, donde se exhibe el film Vasa, que puede escucharse en 16 idiomas.

Finalmente, y a pesar de que las cuatro plantas que componen el museo son de imprescindible visita, se recomienda acceder a la que se encuentra en el piso inferior, donde se pueden observar – a través de diverso y profuso material audiovisual y fruto del resultado de estudios forenses – qué rostros tendrían en vida los cadáveres de la tripulación que se recuperaron junto al Vasa.


18 de enero de 2012

Skansen. Una inmersión histórica




En Djugården, una de las islas que conforman la bella capital de Suecia, se halla no sólo uno de los espacios verdes urbanos más extensos de Europa sino el que se considera el museo al aire libre más antiguo del mundo, el Skansen.

El afán por conservar las tradiciones e historia de un país cada vez más industrializado, y con un mundo rural en pleno retroceso, impulsó su creación en 1891 por parte del erudito Artur Hazelius, quien años antes había fundado el Nordiska Museet (el Museo Nórdico), del cual dependió el Skansen hasta bien mediada la segunda mitad del siglo pasado.

La enorme extensión del Skansen – cuenta nada menos que con una superficie de 300.000 metros cuadrados – aconseja ser madrugador y dedicar todo un día para poder disfrutar de todos los atractivos de este originalísimo lugar, cuya condición de museo al aire libre no es única (en Barcelona tenemos el Poble Espanyol), aunque sí lo es su concepción, que reporta al visitante una auténtica inmersión en la historia sueca, puesto que el Skansen nació del empeño por mostrar no sólo las diferencias regionales sino de transitar por diferentes épocas.

De hecho, el verismo del museo radica en sus 150 construcciones, traídas prácticamente por piezas desde diferentes puntos del país y que muestran no sólo el devenir cotidiano del pueblo sueco (con sus preceptivas diferencias sociales; el visitante hallará desde casas de granjeros hasta residencias de la nobleza) sino también establecimientos dedicados a diversos oficios.

Entre estos últimos destacan una preciosa farmacia y numerosos talleres dedicados al cuero, la plata o la alfarería, albergados, en gran parte, por las típicas röd stuga, esas construcciones rojas que parecen surgidas de un cuento de hadas y que se reparten a lo largo y ancho del país. 

En esos establecimientos, atendidos por solícitos empleados ataviados con las vestimentas de hace dos siglos, no sólo se podrá observar el desempeño de diversos oficios sino que también se podrá adquirir, por un precio bastante asequible para los menguados bolsillos españoles, productos hechos a mano. En este sentido, cabe destacar los siempre muy concurridos taller del vidrio y una panadería de visita obligada para paladares exigentes (damos fe de que las pastas de canela recién horneadas justifican por sí solas el acceso a este museo).

Sin embargo, las virtudes del Skansen no acaban ahí, ya que ofrece además la oportunidad de visitar una antigua escuela, acceder a una iglesia de madera del siglo XVIII, contemplar en un pequeño zoo la fauna autóctona del país (con la presencia de alces y renos) y admirar las bellas panorámicas que de la ciudad ofrece su privilegiada ubicación en la isla de Djugården. Y a ello cabría añadir que el Skansen alberga a su vez otros tres lugares de interés (el Museo del Tabaco, el Centro de Información Forestal y un acuario).

Finalmente, destacar que siempre es un buen momento para visitar este precioso museo, pero en fiestas señaladas, como la Navidad, el Skansen se convierte en escenario de actos y celebraciones importantes, aumentando más, si cabe, el encanto de sumergirse y bucear por épocas pasadas.
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