21 de enero de 2014

Sherlock. Tercera temporada. ¿A la altura de lo precedente?


Fuente: BBC
El pasado 1 de enero, la cadena británica BBC estrenaba el primer episodio de la tercera temporada de una de sus más exitosas producciones, Sherlock. Poco antes, y para ir calentando motores, se había emitido un mini episodio, de menos de diez minutos, en el que se formulaban, en un tono absolutamente humorístico, las más rocambolescas teorías sobre el falso suicidio de Sherlock Holmes, acecido en el último e impactante capítulo de la segunda temporada.

Esa campaña previa al estreno, secundada por las mil y una especulaciones vertidas en la red –especialmente, vía Twitter a través de los hashtags #SherlockLives y #Sherlock- ha incidido, sin duda, en el enorme éxito que la cadena británica ha cosechado con la emisión de los últimos tres capítulos de la serie. Un éxito que no sólo se ha traducido en el número de televidentes –nueve millones de media cada uno de los episodios-, sino en las buenas críticas recibidas dentro y fuera del Reino Unido.

En esa buena acogida, sin embargo, lo que más ha pesado ha sido la propia factura de la nueva temporada, en la que están presentes muchos de los mejores ingredientes de las entregas precedentes, como sus famosos e inteligentes diálogos, sus grandes dosis –aún mayores en estos últimos capítulos- de exquisito humor inglés, las geniales interpretaciones de su habitual reparto y, especialmente, la gran química existente entre sus principales actores, los magníficos Benedict Cumberbatch y Martin Freeman.


No obstante, y a pesar de lo que antecede, no todo han sido parabienes por parte de la crítica ni tampoco el número de espectadores, aun escandalosamente alto, ha alcanzado las cifras logradas durante la emisión de la segunda temporada, que superó la media de diez millones de televidentes por capítulo.

Más allá de las críticas que aluden al nepotismo de los creadores de la serie en la selección del reparto –en el que tienen papeles muy relevantes la mujer de Martin Freeman, los padres de Benedict Cumberbatch y el hijo del guionista Steven Moffat-, Sherlock parece haber perdido parte –que no todo- de su trepidante ritmo y relegado el misterio en aras de un mayor ahondamiento en la relación de Holmes con su inseparable Watson.

Obviamente, pasados dos años desde la desaparición de Holmes, se requería de un guión que hiciera hincapié en la reacción de Watson al saberse engañado, aunque ello no justifique la escasa enjundia de los casos investigados –especialmente en el deslavazado segundo capítulo-, ni el breve papel del nuevo villano, que, aun de opereta –también lo era Moriarty- y, en algunos momentos, una suerte de trasunto de Haníbal Lecter, está magníficamente bien interpretado por el actor danés Lars Mikkelsen.

A ello habría que añadir un final que se antoja precipitado e increíble –y no ahondaremos en este punto para no incurrir en un odiado spoiler- y una más que cuestionable evolución del personaje de Sherlock Holmes, lo que, sumado a las referencias a los papeles interpretados recientemente por Cumberbatch –el dragón Smaug, por ejemplo- inducen a pensar que, en la confección de esta tercera parte, ha influido no poco el fenómeno fan que ha hecho del actor británico uno de los personajes más populares del universo Web 2.0.

Afortunadamente, sin embargo, en Sherlock todavía pesan más aquellos aciertos que hicieron de ella una serie de culto que esos otros elementos que suponen toda una deriva hacia la soap opera y que pueden plantear más de una duda sobre la calidad de su continuación en las ya anunciadas cuarta y quinta temporada. 


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