Mostrando entradas con la etiqueta Barcelona. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Barcelona. Mostrar todas las entradas

30 de octubre de 2019

Cinco horas con Mario


Folleto de la obra


Hace cuarenta años se estrenaba en Madrid la adaptación teatral de Cinco horas con Mario, obra cumbre del escritor español Miguel Delibes, quien interviniera, por cierto, en esa traslación a escena que resultó ser un hito en la historia del teatro español.

Siempre dirigida por Josefina Molina e interpretada por Lola Herrera, quien, en aquel entonces, 1979, tenía una edad similar a la del personaje que encarnaba, Carmen Sotillo, Cinco horas con Mario fue representándose, con algunos periodos de pausa, por todo el territorio español hasta el año 2005. 

En 2018, tras trece años de pausa, Cinco horas con Mario iniciaba una nueva gira por España y, como antaño, el mismo equipo, incluida la producción, se hacían cargo de la exitosa adaptación. En su paso por diferentes ciudades españolas, Cinco horas con Mario recaló finalmente en la Ciudad Condal hace escasas semanas y se mantuvo en escena en el Teatre Goya hasta el pasado 20 de octubre.


Ambientada en la España de 1966, en plena era franquista, Cinco horas con Mario narra la historia de Carmen Sotillo, una mujer de mediana edad que acaba de quedarse viuda de forma sorpresiva. Tras un intenso día de duelo acompañada por familiares y amigos –que en esta adaptación teatral se resuelve brillantemente mediante el uso de voces en off–, Carmen se queda sola en su casa para velar, lo que resta de la noche, a su difunto esposo.

El monólogo de Carmen a lo largo de esas horas de vigilia va desgranando los mil y un pesares de los que se cree víctima y, a su vez, la retrata de una forma opuesta a lo que pretende, pues, en sus reproches hacia el difunto, Carmen no sólo se muestra esclava de sus frustradas ansias pequeñoburguesas, sino de su desamor hacia un marido del que muy probablemente nunca estuviera enamorada, su ruin sentimiento de envidia hacia los que alcanzaron lo que ella nunca logró, sus innumerables frustraciones, especialmente sexuales, y, sobre todo, un pesado sentimiento de culpa del que pretende zafarse mediante confesión.

En esa sentida letanía de lamentos, la figura de Mario emerge como un idealista mal adaptado a esa España de provincias con la que Delibes siempre fuera tan crítico, pero también como un inconformista de sólidas convicciones que, sin embargo, nunca fue capaz de sustraerse de las ataduras de su época y clase social y que, al igual que Carmen, quedó atrapado en la infelicidad de un matrimonio sin amor.

Dirigida sin ampulosidades y con un diseño austero –reducido a un atrezo compuesto por una mesa escritorio, tres sillas, un sillón y el ataúd que preside el escenario– y en el que priman los colores oscuros, como el propio vestuario de la única protagonista, y una luz suave, modulada según los pasajes del relato, Cinco horas con Mario cuenta con una baza inigualable, Lola Herrera, una actriz absolutamente excelsa, capaz de brindar con sus 84 años, que se dice pronto, una interpretación sencillamente magistral, desprovista de artificios y de sobreactuación y sí rebosante de una naturalidad que, paradójicamente, roza lo sobrenatural, con momentos en los que resulta difícil discernir entre realidad y ficción, como cuando Herrera se muestra acatarrada, no se sabe si ciñéndose al libreto o bien integrando a su actuación un malestar físico que incluye una pertinaz tos en algunos momentos de la obra.


Excelente adaptación de una obra excepcional de las letras españolas, Cinco horas con Mario es una delicatessen para cualquier amante de las artes escénicas, por lo que no podemos dejar de recomendarla. Su próxima parada será el 23 de noviembre en el Teatre-Auditori de Sant Cugat. 


2 de octubre de 2019

Muerte en el Nilo

Cartel publicitario de la obra


Considerada como la mejor escritora británica de novela negra, Agatha Christie pudo saborear en vida las mieles del éxito, dejando para la posteridad un prolífico legado de obras de misterio que, por su desarrollo y su casi siempre impredecible desenlace, siguen asombrando, aun a pesar del tiempo transcurrido, a los lectores del siglo XXI, tanto o igual como hiciera con los de antaño.

No es por ello extraño que sus más conocidas obras hayan sido trasladadas a diversos formatos, como el cine, la televisión, el teatro, la radio y, más recientemente, el cómic o los videojuegos, atrayendo, además, no sólo a artistas y creativos anglosajones, sino del resto del mundo.

Este sería el caso del dramaturgo y director escénico Víctor Conde, quien hace unos años se hiciera cargo de la adaptación española de La Ratonera, una pieza teatral que Christie escribió en 1952 y que se ha convertido en la obra más longeva en escena, habiéndose representado sin interrupción durante casi setenta años en el emblemático West End londinense.

En su nueva obra, que antes de recalar en el barcelonés Teatre Borràs ya había sido representada en otras ciudades españolas, Conde regresa de nuevo a los textos de Christie, rescatando una de sus novelas más logradas y recordadas, Muerte en el Nilo, una historia ambientada en un crucero por el mítico río durante los años treinta de la pasada centuria. Durante esa travesía, en la que se dan cita diez personajes, se producirá un asesinato, lo que sumirá a los tripulantes en un estado de extrema inquietud y desconfianza mutua, pues entre ellos se halla el autor o autora de un crimen cometido con premeditación y con extremada sangre fría.


Alejada de la puesta en escena de las más recientes adaptaciones basadas en obras de la autora británica –como Y no quedará ninguno, Una visita inesperada o, incluso, La Ratonera–, Muerte en el Nilo cuenta con una puesta en escena rabiosamente moderna, rompedora, en la que se huye al máximo del estatismo del teatro clásico –en el que los actores entran y salen de escena según el desarrollo de la historia–, pero sin traicionar la esencia del texto de Christie, si bien sí cuente con alguna licencia artística que no altera ni la historia ni, mucho menos, su imprevisible desenlace –aunque algún espectador no perdone la ausencia del inigualable Hércules Poirot.

Así, en esta adaptación de la obra de Christie, Conde mantiene a todos sus actores permanentemente en un escenario con no más atrezzo que un conjunto de maletas de diferentes tamaños, algunas proyecciones a lo largo de la narración y la presencia prácticamente omnipresente de un pianista y de una cantante –protagonistas también de la historia, si bien Christie no concibiera para ellos esas profesiones–, que recrean, pautados por la banda sonora de Marc Álvarez, éxitos de los años treinta, como el Anything goes de Cole Porter. Con todo ello, Conde consigue transportar al espectador a otra época y lo hace con el savoir faire adquirido tras años de experiencia y, especialmente, en producciones como Los Miserables, pues, en más de un momento, esta nueva versión de Muerte en el Nilo remite al género del teatro musical. 

El genial arranque, inusual en formato y contenido, es otro de los puntos fuertes de esta adaptación teatral que no cuenta con descanso alguno, pero sí con dos actos diferenciados. La utilización de los mismos elementos escénicos en ambos resulta, sin embargo, desigual, pues en el primero, con sus actores vagando por el escenario y sumidos en su propio mundo mientras otros intérpretes declaman su texto, puede resultar, en algún momento, un tanto ampuloso y artificial. Por el contrario, la segunda parte es absolutamente increíble, ya que no sólo logra captar en escena el intenso suspense que Christie imprimía a sus páginas –labor nada fácil, por cierto–, sino introducir con éxito indiscutible, en un formato narrativo tan poco propicio para ello, un elemento tan cinematográfico como el flashback.


Mención aparte merece el diseño de vestuario, acorde con la época; la iluminación, que aporta un toque sensual a una historia, en definitiva, pasional; y, por supuesto, el excelente trabajo de todos, absolutamente todos, los actores, que citamos, para no incurrir en injusticia alguna, según la ficha técnica del Teatre Borràs: Miquel García Borda, Mariona Ribas, Aleix Rengel, Mar del Hoyo, Miriam Marcet, David Z. Vaquero, Albert Suárez, Lorena de Orte, Paula Moncada, Dídac Flores.

26 de junio de 2019

Fedra


Folleto de la obra

Hija de Minos, rey de Creta, y de Pasifae, madre del minotauro, Fedra contrajo matrimonio con Teseo, rey de Atenas, con quien engendraría dos hijos. Atrapada en una relación sin amor, que, al parecer, habría gestado su propio hermano Deucalión, Fedra acabaría enamorándose perdidamente de su hijastro Hipólito, lo que la abocaría a un final trágico y a convertirse en uno de los personajes de la mitología griega que más ha atraído a escritores y a artistas a lo largo de la historia.

El primero en recoger por escrito este mito fue Eurípides allá por el año 430 a.C. Tras él, muchos otros autores han abordado la historia de la malograda princesa cretense, dotando al mito de diferentes matices e, incluso, interpretaciones. Entre ellos destacan Séneca, Racine, Miguel de Unamuno, Salvador Espriu, Raúl Hernández Garrido o la malograda dramaturga británica Sarah Kane, cuya adaptación teatral del mito, a mediados de los años noventa del pasado siglo, suscitara no poca controversia por la inclusión de una escena de alto voltaje sexual.

Siguiendo la estela de esos autores consagrados, también el dramaturgo Paco Becerra, ganador del Premio Nacional de Literatura Dramática, ha querido acercarse al mito para interpretarlo de una manera muy próxima, si bien rabiosamente única, a esa primera versión de la obra de Eurípides que el autor griego, por presión popular, acabaría descartando.

Dirigida por Luis Luque, con quien Becerra conforma uno de los tándems más consolidados del panorama teatral español, Fedra fue estrenada el pasado año en un escenario de lujo y en el marco del Festival Internacional de Teatro Clásico de Mérida, donde obtuvo el aplauso, prácticamente unánime, de público y crítica.

Tras su paso por la ciudad extremeña, Fedra inició una gira por España que ahora, con su estreno en el Teatre Goya, la ha hecho recalar por segunda vez en la Ciudad Condal, por un periodo breve, pero intenso, a tenor de lo que experimentáramos en una de sus puestas en escena, con un teatro al completo y un público totalmente entregado.


En el éxito continuado de Fedra confluyen varios factores que, por sí solos, ya invitan al espectador a acercase al teatro para vivir una experiencia única, si bien algunas voces críticas aludan al cierto estatismo escénico que imponen los largos monólogos de Becerra, presentes en buena parte de la obra, pero, que en nuestra humilde opinión, conceden a esta pieza teatral una intensidad que no siempre se consigue si no es bordeando el dramatismo más desaforado y, las más de las veces, gratuito.

Entre los factores que hacen de Fedra un espectáculo único destaca, por supuesto, el savoir faire del director Luis Luque a partir del intensamente poético texto de Becerra, a quien conoce bien por su trabajo conjunto en otras piezas teatrales.

Luque, que ha partido de una puesta en escena muy contemporánea, ha sabido acompañarse, además, de grandes profesionales que, en su mayoría, ya estuvieran presentes en la puesta de escena de Todas las noches de un día, como Monica Boromello, a cargo de la escenografía, Juan Gómez-Cornejo, que se ha encargado de una acertada iluminación que ha dotado a la obra de un aura muy especial, Mariano Martin y Bruno Praena, quienes con sus respectivas composiciones musicales y video proyecciones en el escenario han convertido a Fedra en una obra que traspasa los límites tradicionales de las disciplinas artísticas, y Almudena Rodríguez Huertas, artífice de un vestuario de reminiscencias claramente clásicas pero con un punto rabiosamente contemporáneo.

El resultado de Fedra sería, sin embargo, diferente de no contar con un magnífico quinteto de intérpretes que han sabido bordar a la perfección sus papeles, especialmente su principal protagonista, Lolita, que regala al espectador una actuación sobria a la par que intensa y digna de los mejores galardones, lo que viene a confirmar el enorme talento de la hija de Lola Flores, una actriz nata, sublime, enorme y, como demostró al final de la sesión, durante los agradecimientos, sumamente humilde y agradecida al público que, entusiasta, no podía dejar de aplaudir. 




5 de junio de 2019

Lujo, de los asirios a Alejandro Magno


Folleto de la exposición

Hace unas semanas se inauguraba en CaixaForum Barcelona la exposición Lujo, de los asirios a Alejandro Magno. La muestra, que está comisariada por Alexandra Fletcher, conservadora del Departamento de Oriente Próximo del British Museum, es fruto de la cuarta colaboración hasta la fecha entre el prestigioso museo británico y la Fundación La Caixa.

La exposición cubre un vastísimo período de tiempo, desde el 900 hasta el 300 a.C. y se enmarca en la época de los grandes imperios de la antigüedad, el asirio, el babilónico, el fenicio y el persa hasta llegar al reinado de Alejandro Magno. Este momento histórico, fascinante por su intensidad –si bien esos 600 años contaron con largos de paz, las fuentes escritas y arqueológicas testimonian múltiples enfrentamientos y saqueos–, fue importantísimo en el desarrollo del comercio de materias primas, metales preciosos y objetos manufacturados que, por la complejidad de su elaboración y adquisición, se convirtieron en productos de lujo sólo accesibles para las clases más adineradas, lo que, a su vez, daría pie a otro tipo de comercio, basado en la imitación de aquellos productos y dirigido a clases no tan pudientes, pero sí conocedoras de ese mercado del lujo. 

De hecho, nunca se había producido un desarrollo tal de los artículos de lujo, lo que incentivaría de manera decisiva tanto las relaciones comerciales como las de poder entre las extintas civilizaciones.


Para la puesta en escena de esta muestra se ha contado con un conjunto de más de doscientas piezas, procedentes, todas ellas, del British Museum. Entre esas piezas destacan ornamentos para mobiliario, monedas, cerámica, diversos objetos de lujo para ser utilizados en la mesa o como recipientes de cosméticos, joyas e impresionantes relieves –destacando especialmente uno perteneciente al Palacio de Nínive. Muchas de esas piezas fueron facturadas en marfil y metales preciosos, especialmente oro y plata, como el tesoro de Oxus, uno de los mayores atractivos de la exposición, que ha llegado a nuestros días en todo su esplendor gracias a su excelente estado de conservación.

Ese afán por el lujo, tan intenso antaño como en nuestra era, dio también lugar a la construcción de suntuosos palacios y no menos lujosos jardines, como refleja una de las secciones más cuidadas de la exposición, en la que se recrean los sonidos y hasta los aromas de los que gozarían los visitantes de los jardines colgantes de Nínive.

A lo largo de toda la muestra, que se halla dividida en secciones siguiendo un criterio cronológico y espacial, se puede constatar no sólo como el negocio del lujo acabaría constituyéndose como un motor de las relaciones comerciales –lo que propiciaría la creación de una red de productores de materias primas y artesanos–, sino que acabaría teniendo, además, un fuerte componente netamente militar, pues la exhibición de la riqueza reforzaba el poder político y, además, obraba como una suerte de arma intimidatoria ante los enemigos, ya que buena parte de los objetos obtenidos podían haber sido fruto de saqueos. 

Por otra parte, y más allá del valor del lujo en la historia de la antigüedad, el recorrido de la muestra permite contemplar tanto las influencias mutuas en la producción de aquellos codiciados objetos, como estudiar su evolución artística a lo largo del tiempo.

Exposición, en definitiva, deslumbrante, Lujo, de los asirios a Alejandro Magno brinda al visitante un apasionante viaje en el tiempo y cuenta, como es habitual en las muestras albergadas por CaixaForum, con ese sello de calidad tan característico de la institución, en el que prima la rigurosidad, el énfasis en el detalle y el cuidado y mimo con el que se presentan y mantienen las piezas.




22 de mayo de 2019

Todas las noches de un día



Tras una intensa gira por España, que se iniciara en marzo del pasado año, y precedida por el aplauso del público y de la crítica allá por donde ha recalado, el pasado 8 de mayo llegaba por fin a la Ciudad Condal la obra teatral Todas las noches de un día.

Protagonizada únicamente por Carmelo Gómez y Ana Torrent y dirigida por Luis Luque, esta pieza teatral parte de un texto escrito por el dramaturgo Alberto Conejero que, inspirado a su vez en una obra de Federico García Lorca, Doña Rosita la soltera, resultó ganador en el III Certamen para textos teatrales de la AAT por su exquisito uso y sutileza del lenguaje, su intensa fuerza poética y su recreación de una atmósfera irreal, casi onírica y con un punto inquietante e incluso perturbador en más de un momento.

El texto de Conejero se inicia con la visita de la policía a Samuel, un jardinero solitario y reservado que pasa la mayor parte del tiempo en un viejo invernadero, propiedad de Silvia, una mujer que desapareció sin dejar rastro y de la que nada se ha sabido desde entonces. 


A pesar de ese arranque narrativo, Todas las noches de un día no es, sin embargo, un thriller al uso, aunque juegue con maestría con todos los recursos del género. Por el contrario, es una intensa reflexión sobre temas atemporales, como la incapacidad para amar aun deseándolo fervientemente, el paso inexorable del tiempo –presente y pasado, cual dos caras de una misma moneda, se alternan, de hecho, a lo largo de toda la obra–, la imposibilidad de sanar algunas heridas o el peso insondable de la soledad. 

Si Todas las noches de un día resulta excelsa se debe no sólo al hecho de que parte de un texto excepcional, sino a la combinación de muchos elementos que, por sí solos, ya convierten a esta pieza teatral en una obra de obligado consumo para los amantes de las artes escénicas. Entre esos elementos destaca, por supuesto, la dirección de Luis Luque, que sabe combinar a la perfección los elementos más atrayentes del género negro con la delicadeza poética inherente a todo el texto, logrando un pulso narrativo que mantiene al espectador anclado a su butaca durante toda la puesta en escena. A lo que habría que añadir, además, la pericia del director escénico en la combinación, sin estridencias, del lenguaje teatral más clásico con el más contemporáneo.

Destaca también el excelente trabajo de Monica Boromello con su recreación de un único espacio escénico, un invernadero con tintes románticos y aire decadente y con una influencia marcadamente modernista; la iluminación de Juan Gómez-Cornejo, que consigue transportar al espectador a diversos momentos de la vida de los protagonistas mediante el uso de diferentes tonalidades lumínicas; el vestuario de Almudena Rodríguez, con un punto rústico para el introvertido Samuel y sofisticado para la vivaz Silvia; o la composición musical original de Luis Miguel Cobo, que también incluye éxitos de la música italiana de hace varias décadas.

Todas las noches de un día sería, no obstante, una obra muy diferente de no mediar el concurso de dos actores absolutamente excepcionales, Carmelo Gómez y Ana Torrent. Su increíble, perturbadora, tierna, intensa y complejísima actuación consigue penetrar el alma de dos personajes opuestos pero complementarios en sus grandezas y miserias, dotando cada uno de sus gestos con la justa medida para hacer partícipe al público de la complejidad de sus sentimientos y adaptándose sin aparente esfuerzo, como sólo los grandes intérpretes pueden hacerlo, a un texto no lineal, cargado de silencios ominosos, en el que pasado y presente, realidad, recuerdos y deseo se mezclan con suma sutileza.

Todas las noches de un día estará en el Teatre Goya hasta el próximo día 9 de junio. Las entradas podéis adquirirlas en el siguiente enlace. Si tenéis la oportunidad, ¡os recomendamos, encarecidamente, no perderos esta obra maestra!

¡Feliz miércoles!




17 de abril de 2019

Meet the Vincent van Gogh experience



Desde el pasado 14 de marzo y hasta el próximo 2 de junio puede visitarse en Barcelona Meet the Vincent van Gogh experience, la que es, sin duda alguna, una de las exposiciones más espectaculares que este año podrán verse en Europa. De hecho, tras su paso por Shanghái el pasado año, es ésta la primera vez que esta inigualable muestra se exhibe en el Viejo Continente y cuando finalice esta etapa barcelonesa volverá de nuevo a Asia, concretamente a Seúl.


Albergada en una gran carpa sita en el Port Vell, Meet the Vincent van Gogh experience es obra del Museo Van Gogh de Ámsterdam, un espacio museístico que, fundado por los descendientes de Theo Van Gogh, figura clave en la trayectoria artística de su hermano Vincent, recibe cada año una media de dos millones de visitantes. Ese interés por el pintor neerlandés –que ha dado pie al rodaje de films recientes centrados en su vida y obra, como la experimental Loving Vincent y el biopic protagonizado por Willem Dafoe, Van Gogh, a las puertas de la eternidad–, unido al hecho de que el traslado de sus obras resulte sumamente dificultoso, ha propiciado la gestación de este proyecto museístico, absolutamente innovador, que pretende acercarse a un público extenso y heterogéneo.


Meet the Vincent van Gogh experience es, de hecho, una auténtica e inigualable experiencia multisensorial que permite conocer mejor a uno de los pintores más extraordinarios de todos los tiempos, un artista que en vida sólo vendió un cuadro pero que en la actualidad es el favorito de muchos coleccionistas, capaces de pagar cifras estratosféricas por aquellas de sus obras que han permanecido en colecciones privadas y han salido a la venta.


Para dar cabida a esta muestra expositiva en Barcelona, se ha contado con una carpa de 1500 metros cuadrados dividida en seis espacios, cuyo recorrido, siguiendo un criterio cronológico, proporciona al visitante numerosos datos biográficos del artista neerlandés, de los lugares en los que residió tras abandonar su país y de las personas más importantes de su vida, como su hermano Theo, su principal apoyo, o la esposa de éste, Jo Bonger, gracias a cuya labor inestimable hoy día se puede analizar la estrecha relación que unió a ambos hermanos y que quedó reflejada en una profusa correspondencia, presente en esta exposición, que Bonger conservaría y daría a conocer en los años sucesivos a la muerte de ambos hermanos.


Lo más sorprendente de esta exposición radica en el hecho, en absoluto baladí, de que no cuente con una sola obra original y sí, por el contrario, con numerosas reproducciones de las pinturas de Van Gogh en diversos formatos y medios, como proyecciones a escala real, reproducciones en 3D a tamaño original, fotografías, vídeos, animaciones interactivas y multimedia, paneles retroiluminados, amén de fragmentos de más de 800 cartas y decorados teatrales, que incluyen elementos significativos de la vida y obra del artista neerlandés, como la famosa habitación que Van Gogh inmortalizara con sus pinceles, el emblemático café Le Tambourin, la casa amarilla de Arlés, el Hospital de Saint-Rémy, donde estuviera internado, o un campo de trigo en el que, tras escucharse el disparo con el que Van Gogh acabó con su vida, una bandada de cuervos alzan el vuelo y acaban componiendo una de las más bellas obras del malogrado pintor neerlandés, Trigal con cuervos (1890).


Durante todo el recorrido de esta fascinante exposición, que dura unos noventa minutos, sus artífices animan, mediante múltiples indicaciones, a que los visitantes tomen fotos y toquen las obras o ampliaciones de fragmentos de las mismas –algunos de esos fragmentos también pueden apreciarse en detalle gracias al uso de un microscopio colocado en una de las salas. La visita se sigue, además, con el uso de una audioguía que, incluida en el precio de la entrada, se activa automáticamente cada vez que el visitante se acerca a un punto de interés.


Excelsa en su concepción y ejecución, los únicos puntos negativos que podrían achacarse a esta exposición son una excesiva afluencia de público, que no permite disfrutar al cien por cien de la experiencia, y el sistema de audioguía, que requiere de una imperiosa mejora –durante nuestra visita las grabaciones se activaban tarde o mal. De lo que no cabe duda, en cualquier caso, es de que Meet the Vincent van Gogh experience plantea una nueva forma de acercarse al arte sin la necesidad de exponer obras originales, lo que no sólo promueve la preservación de aquéllas, al ahorrar los riesgos que supone todo traslado, sino que también brinda la oportunidad de acercarse al trabajo de un artista sin necesidad de desplazarse y, lo más importante, en un futuro permitiría poder contemplar de cerca las numerosísimas obras de arte que hoy se hallan en manos privadas o bien agrupar trabajos que se encuentran en espacios museísticos muy distantes desde el punto de vista geográfico, lo que podría dar pie a los criterios expositivos más diversos ¡y osados!.


10 de abril de 2019

Max Beckmann (Leipzig, 1884 – Nueva York, 1950)


Folleto de la exposición

Desde hace unas semanas y hasta el próximo 26 de mayo puede verse en CaixaForum Barcelona la que es, hasta la fecha, la primera gran retrospectiva dedicada al pintor alemán Max Beckmann (1884-1950).

Realizada en colaboración con el Museo Nacional Thyssen-Bornemisza, donde previamente se había albergado, esta exposición, comisariada por Tomàs Llorens, permite conocer las diferentes etapas creativas de un artista rompedor e independiente, capaz de crear un estilo completamente propio sin sucumbir por completo a ninguna de las corrientes innovadoras que experimentarían las artes y la cultura durante las primeras décadas del siglo XX.

La muestra reúne un conjunto de 49 obras, entre las que destacan principalmente pinturas, dos esculturas y litografías varias, piezas, todas ellas, procedentes de diferentes museos y colecciones de todo el mudo, que, reunidas en un único espacio, suponen casi un veinticinco por ciento de la obra de este genio de la pintura, considerado como uno de los artistas alemanes más destacados de la pasada centuria.


Cuidada al máximo en todos sus detalles, como es habitual en las exposiciones albergadas por CaixaForum, esta retrospectiva dedicada a Beckmann se divide en dos secciones siguiendo un criterio temático y cronológico.

La primera sección se centra en la etapa alemana del pintor, especialmente en los años anteriores al estallido de la Primera Guerra Mundial, cuando Beckmann empezó a cosechar sus primeros éxitos y a ser reconocido, y en parte del período de entreguerras. Esa fase creativa se trunca en la década de los años treinta del pasado siglo, una época especialmente dura para el pintor alemán, quien, con el ascenso de Hitler al poder, pierde su plaza como profesor en la Escuela de Arte de Frankfurt, lo que, además, viene acompañado del impedimento de exponer ninguna de sus obras en suelo alemán. En esa misma época, por otra parte, se expondría en la Alemania nazi, a bombo y platillo, una ambiciosa exposición titulada Entartete Kunst –arte degenerado, en su traducción al español–, una muestra en la que se incluían obras del propio Beckmann, junto con otras producidas por contemporáneos suyos, para presentarlas como un ejemplo de la sinrazón de las nuevas corrientes artísticas, que habían roto con siglos de tradición en la producción artística occidental.

Cartel publicitario de la exposición Entartete Kunst

La segunda parte de la exposición corresponde a los años de un exilio vivido a caballo entre Europa y Estados Unidos, y se estructura en torno a cuatro grandes ejes intrínsecamente ligados a esa vida lejos de un hogar al que no regresaría jamás. 

El primero de esos ejes, o metáforas, como se describen en la ficha de presentación de la exposición, responde al título de Máscaras y alude a la casi inevitable pérdida de identidad que amenaza al exiliado; el segundo eje, Babilonia eléctrica, se centra en una temática recurrente en la pintura de Beckmann, la ciudad moderna. El tercer bloque temático, El largo adiós, propone una reflexión sobre el exilio y la muerte, mientras que la última sección de la exposición, El Mar, se presenta como una metáfora sobre el infinito y la nostalgia. 

Totalmente recomendable por su contenido y puesta de escena, esta muestra dedicada a Max Beckmann supone, en definitiva, una oportunidad inigualable de acercarse a un artista único cuya obra, aun sumamente independiente de la de sus contemporáneos, se inscribe en un momento histórico fascinante para todas las ramas artísticas. 


27 de marzo de 2019

Ruta vampírica y otras leyendas


Autor: Un Mundo Cultural

Por la originalidad de las actividades culturales que diseña y ejecuta, la empresa GoBcn bien merece ser objeto de uno de nuestros Investigadores Culturales. Hoy, no obstante, vamos a centrar nuestra atención en su Ruta vampírica y otras leyendas, uno de sus recorridos barceloneses más preciados y mejor valorados, a tenor de las innumerables críticas positivas vertidas en Atrápalo, plataforma en la que pueden adquirirse las entradas para esta actividad y otras organizadas por esta empresa cultural que iniciara su andadura hace ahora ocho años.

Llevada a cabo siempre por la noche, como no podía ser menos, la Ruta vampírica y otras leyendas se inició en el año 2012 con motivo del centenario de la detención de Enriqueta Martí, la vampira del Raval, tristemente célebre por haber asesinado a más de setenta niños, huérfanos e hijos de prostitutas en su mayor parte, de cuyos cuerpos extraía la materia prima para confeccionar toda suerte de potingues y mejunjes que después vendía a numerosos clientes adinerados de Barcelona.  

No muy larga en su recorrido, esta ruta tiene como punto de inicio la Plaça Nova, justo al lado de la Plaça de la Catedral, y su duración, si bien estimada en dos horas, resulta variable, pues al guía que siempre la conduce, Thor, no le importa acabar más tarde. Nuestra visita duró, de hecho, poco más de tres horas, por lo que el precio de la entrada, no demasiado barato, se amortiza con creces.

El contenido de la ruta, en el que no vamos a profundizar demasiado para no incurrir en odiosos spoilers que os priven de pasar una velada inolvidable, puede resultar, a priori, un tanto disperso, pues los temas que se van hilando a lo largo del recorrido no sólo aluden a un espacio y tiempo concretos, sino que, por el contrario, Thor, especialista en antropología de la religión, traslada a los asistentes a  épocas diversas, muchas muy distantes en el tiempo, y a escenarios geográficos remotos, si bien nunca pierda de vista a una Barcelona, misteriosa y oscura, que resulta una práctica desconocida para una buena parte de los barceloneses.

Autor: Un Mundo Cultural

La ruta vampírica y otras leyendas es, por tanto, una magnífica oportunidad para conocer mejor la Ciudad Condal, una urbe más unida, según Thor, al vampirismo que Rumanía, la nación que se cree que es la cuna del mito inmortalizado por Bram Stoker y, más tarde, por el Séptimo Arte con innumerables films dedicados al personaje vampírico por excelencia, Drácula. De hecho, el primer vampiro aristócrata del que se tiene constancia en Occidente fue el Conde Estruch, de cuyo nombre deriva la palabra catalana malastrugança, que en castellano podría traducirse como mala suerte.

Autor: Un Mundo Cultural

Sin embargo, la ruta conducida por Thor no sólo se acota a hechos acaecidos en el pasado, sino que está aliñada con muchas historias actuales, algunas de ellas todavía frescas en la memoria por cuanto tuvieron un gran eco mediático; otras, desconocidas por el gran público, aluden a crímenes rituales y también a sociedades secretas en las que se llevan a cabo ritos asociados con la sangre.

El gran logro de esta actividad, más allá de las historias explicadas por su guía –que pueden prestarse a más de un cuestionamiento– es, sin duda, su puesta en escena bajo la batuta de Thor, un apasionado de una temática que domina y un narrador absolutamente excepcional, capaz de atrapar y mantener la atención de su público sin aparente esfuerzo.

Antes de despedirnos hasta mañana, os dejamos con los enlaces de GoBcn y la plataforma Atrápalo para obtener más información sobre esta actividad, que, estamos seguras, no os defraudará.

¡Feliz miércoles! 




13 de marzo de 2019

El boom de la publicidad. Reclamos de hojalata, cartón y azulejo. 1890-1950




El próximo 31 de marzo finaliza una de las exposiciones temporales más fascinantes que ahora mismo pueden visitarse en la Ciudad Condal.


Emplazada en el Museu del Disseny de Barcelona y comisariada por Pilar Pérez, El boom de la publicidad. Reclamos de hojalata, cartón y azulejo. 1820-1950 cuenta con más de 200 piezas procedentes, en su mayor parte, de la Colección Mateu Llinàs i Audet y del Museo de la Cerámica de Manises de Valencia, un espacio expositivo en el que se da cabida al patrimonio dejado por la fábrica de Francisco Lahuerta, una de las empresas valencianas más importantes en la producción de azulejos decorados, que cerró sus puertas en 1945.

Uno de los anuncios expuestos en la muestra. Fuente: Wikipedia


Este conjunto de obras permite acercarse a los inicios de la publicidad gráfica comercial y su desarrollo a lo largo de los años y hasta la irrupción de otros canales publicitarios. Aquellos primeros reclamos publicitarios se centraron especialmente en productos de uso cotidiano, como alimentos, bebidas, cosméticos, productos de limpieza e higiene o medicamentos, que no sólo podían ser adquiridos por las clases más pudientes, sino también por las menos favorecidas, un sector del público sin demasiado poder adquisitivo, pero enormemente importante en cuanto a número. Ese target caería, de hecho, fascinado ante unos reclamos que permitían acceder, por primera vez, al mundo artístico y creativo y, no menos importante, ante toda una auténtica revolución cromática que contrastaba sobremanera con una cotidianidad regida por la práctica ausencia de color. 

El famoso logo de la marca de aceites Carbonell, creado por Pere Casas Abarca, también está presente en la muestra. Fuente: Wikipedia


El éxito de aquellos reclamos se debe en buena medida a la maestría de sus creadores, anónimos y conocidos o de cierto renombre –dibujantes y cartelistas como Gaspar Camps, Pere Casas Abarca, Rafael de Penagos o el artista húngaro asentado en Barcelona Géza Zsolt– y a los nuevos soportes, la hojalata, el azulejo y el cartón, concebidos para atraer al cliente potencial desde mostradores, escaparates y fachadas. Considerados efímeros por sus propios creadores, aquellos reclamos tienen hoy un indiscutible valor histórico y artístico y permiten ver los vínculos tempranos entre industria y creatividad en un momento muy anterior al auge del mundo de la publicidad regida por otros medios –la radio, la televisión y el cine–, que hunde sus raíces tras la finalización de la Segunda Guerra Mundial y que tan bien han retratado series como Mad Men.


El criterio expositivo seguido por los creadores de El Boom de la Publicidad no podría ser más acertado, por otra parte, pues se articula en torno a dos ejes, el cronológico –que permite un recorrido por diferentes corrientes artísticas, desde el modernismo y sus variantes europeas hasta la estética americana de los años cuarenta, pasando por las vanguardias de las primeras décadas del siglo XX–, y el de la disposición de las piezas cual lineales de supermercado en los que las obras, como si fueran productos auténticos, se agrupan según su funcionalidad, lo que permite ver la competencia existente entre diferentes marcas y una manera muy particular de presentar esos productos y, no menos importante, contextualizarlos en una época en la que imperaba el sexismo, se permitía el maltrato animal y se toleraba el racismo. El recorrido también permite, por otra parte, constatar lo poco que ha cambiado la imagen de algunas marcas todavía operativas, como Aceites Carbonell o la Casa Amatller, que aún cuenta, para algunos de sus productos, con el diseño que Alfons Mucha realizara en 1900.


Cabría señalar, finalmente, que en la creación de estos reclamos publicarlos tuvieron un papel muy destacado diversos procedimientos técnicos de reproducción, como la litografía con colores o cromolitografía –para la hojalata y el cartón–, y la técnica del tubado –para los anuncios en soporte de azulejo. La ejecución de ambas técnicas se muestra en sendos videos emplazados en la sala expositiva en la que se alberga la exposición.


Por todo lo expuesto y, por supuesto, por las explicaciones servidas por una guía excepcional –los sábados, a las 11.00 se llevan a cabo visitas guiadas que se incluyen en el precio de la entrada–, no podemos menos que insistir y animaros a visitar esta muestra que, seguro, os va a encartar.


¡Feliz miércoles! 


9 de mayo de 2018

MNAC. Nueva presentación de Renacimiento y barroco





Hace unas semanas visitamos el inigualable MNAC para ver la estupenda exposición William Morris y el movimiento Arts & Crafts en Gran Bretaña. En aquella ocasión, para degustar al máximo esa muestra expositiva, dejamos para una ulterior visita la nueva presentación de la sección dedicada al Renacimiento y el Barroco del afamado museo.

Esta ampliación, que se dio a conocer al gran público a finales del mes de enero del presente año, es fruto de un largo proceso de planificación, documentación y restauración. Un arduo trabajo que ha implicado integrar la colección Cambó y la colección Thyssen, dotando así el recorrido expositivo de una mayor contextualización. 



La nueva presentación de esta sección se sustenta en casi trescientas piezas, veintidós de las cuales nunca habían sido expuestas; otras piezas del conjunto ahora expuesto, por el contrario, llevaban un tiempo sin ser mostradas al público.

Además de las obras pictóricas, que conforman el mayor grueso de esta sección, en el recorrido por las salas que las albergan se pueden contemplar dibujos y grabados −estos últimos dispuestos en un espacio con una iluminación considerablemente más atenuada para preservar los trabajos, que se encuentran colocados en vitrinas dotadas con cajones que el visitante puede abrir y cerrar a voluntad−, monedas, medallas, fotografías, destacado material bibliográfico e, incluso, un tapiz.

El recorrido de la exposición, que pone a disposición del visitante las más modernas herramientas museísticas, no parte de un criterio cronológico, sino que, por el contrario, y para ofrecer una mayor contextualización entre épocas y estilos, se articula en torno a diferentes áreas temáticas, como:







Fascinante en su concepción y puesta en escena, la reformulada sección dedicada al Renacimiento y al Barroco ofrece al visitante no solo la oportunidad de sumergirse en una narrativa alejada de los posicionamientos academicistas a los que nos tienen acostumbrados los grandes espacios expositivos de titularidad estatal, sino que permite ver de cerca el trabajo de artistas inmortales como El Greco, Cranach, Goya, Tiepolo, Tintoretto, Velázquez, Rubens o Zurbarán.

Muestra, en definitiva, imprescindible para los amantes del arte y la cultura, a esta renovada sección de uno de los museos más visitados de Cataluña solo podría achacársele un punto negativo, la cierta dejadez expositiva de la sala de dibujos y grabados, en la que algunas obras no se hallan correctamente alineadas o, incluso, pueden invadir el espacio de alguna cartela.




2 de mayo de 2018

Y no quedará ninguno




Hace unas semanas hablábamos de la puesta en escena de Una visita inesperada, uno de los grandes clásicos de la gran maestra del suspense, Agatha Christie. Hoy no podemos menos que prestar nuestra atención a la adaptación de Y no quedará ninguno, otro de los celebrados relatos de la escritora británica que estos días se representa en la Ciudad Condal, concretamente en el Teatre Apolo, que hace unos años, precisamente, escenificara la obra teatral más representada de todos los tiempos, La ratonera, escrita también por Christie.

Inicialmente titulada Ten little niggers −Diez negritos, en su versión española−, Y no quedará ninguno fue, por su innegable connotación racista, rebautizada con su actual título años después de haber sido editada por primera vez en 1939. Aún con su título original, su gran éxito de ventas conllevó que la obra fuera adaptada a diversos formatos y en innumerables ocasiones.

La adaptación barcelonesa de la obra de Christie ha corrido a cargo de Gianluca Ramazzotti y Ricard Reguant −este último también se ha hecho cargo de la dirección− y lleva representándose desde hace meses en la zona teatral por excelencia de la Ciudad Condal.



Y no quedará ninguno narra la historia de diez personas que, invitadas o contratadas por un misterioso o misteriosa anfitriona, se quedan atrapadas en una mansión aislada, situada en una isla incomunicada. La primera noche de su estancia en el lugar son acusados, por una voz procedente de un magnetófono, de haber cometido, cada uno de ellos, crímenes que quedaron impunes. A partir de ese momento, los huéspedes de la mansión serán ejecutados, uno a uno, por los medios más variopintos y siguiendo la letra de una nana muy conocida en el Reino Unido.

Con un toque decididamente cinematográfico a lo largo de toda su puesta en escena, esta adaptación de la famosa novela de Christie se inicia precisamente con esta canción y con el telón bajado, en el que, cual pantalla de cine, se proyectan las sombras de diez figuras que van desapareciendo, una a una, siguiendo la letra de la canción, hasta no quedar ninguna.

Uno de los mayores puntos fuertes de esta producción es precisamente el uso de elementos netamente cinematográficos −como la inclusión de música, cual banda sonora, en momentos especialmente dramáticos, o el recurso de los juegos de iluminación en escenas clave−, lo que dota a la obra de ese aire de misterio envolvente que caracterizara el cine negro añejo, un subgénero que, basado generalmente en obras literarias, ha dado al Séptimo Arte obras maestras, entre las que se incluye, por cierto, una adaptación de la propia Christie, Testigo de cargo, que Billy Wilder llevara al cine en 1958.

A pesar de esos ingredientes cinematográficos, Y no quedará ninguno es, sin duda, una obra teatral de corte clásico en la que el desarrollo de toda la historia tiene lugar en un único escenario. Un escenario en el que se han cuidado al máximo los detalles y que cuenta con un aire art-déco que se aviene bien con la caracterización de los personajes, ataviados todos ellos con indumentaria propia de la década de los cincuenta del pasado siglo.

Y no quedará ninguno cuenta, además, con un magnífico plantel de actores y con el innegable savoir faire de Reguant y Ramazzoti, que han conseguido hilar a la perfección drama, misterio y suspense con grandes dosis de fino humor.

Como punto final, cabría señalar que la presente adaptación teatral no sólo es fiel al relato original, sino que también ha respetado su desenlace, un final que la propia Christie quiso dulcificar en la primera traslación de la obra a escena para ofrecer al espectador británico, recién finalizada la Segunda Guerra Mundial, un epílogo más esperanzador a una historia de por sí sumamente dramática. Esa apuesta de Christie se impuso en las numerosísimas adaptaciones que, en diversos formatos, se han llevado a cabo a lo largo de los años, por lo que poder asistir al final con el que fuera concebida la obra original es, sumado a todo lo anterior, un auténtico regalo para el espectador barcelonense.




11 de abril de 2018

Una visita inesperada



No podemos negar que sentimos un cariño muy especial hacia la escritora británica Agatha Christie. No en vano, fue a través de su pluma que descubrimos el apasionante mundo de la lectura. Por ello, aprovechamos cualquier oportunidad de poder ver en pantalla o representada en escena alguna de sus obras. El año pasado tuvimos la fortuna de poder asistir en Londres, en su 65º aniversario, a la representación de la obra que más tiempo lleva en escena en el mundo, La Ratonera. Y hace escasos días pudimos ver, esta vez en nuestra ciudad, la adaptación de otra de sus obras, no tan emblemática, pero, sin duda, con una trama igualmente bien urdida, Una visita inesperada.

Narrada en formato teatral, para años más tarde ser novelizada por el escritor australiano Charles Osborne, Una visita inesperada fue escrita por la maestra indiscutible del suspense en 1958. Ese mismo año se llevaría por primera vez a los escenarios en un teatro londinense.

Ambientada en Gales, Una visita inesperada relata la historia de un hombre de negocios que, tras una avería en su coche un día de intensa niebla, se ve forzado a pedir ayuda en una casa aislada. Allí, tras acceder al salón por la puerta trasera, sin que nadie haya respondido a su llamada, se encuentra ante una escena sumamente dramática, una mujer sosteniendo un revólver y un cadáver, todavía caliente, postrado en una silla de ruedas.


A pesar de que la situación que se muestra ante sus ojos parece resultar inequívoca, el visitante inesperado cuestiona la culpabilidad de la mujer, esposa del asesinado, y decide inventar una serie de pruebas para despistar las pesquisas policiales que se llevarán a cabo con el descubrimiento del cadáver. Esas pesquisas, que se iniciarán de inmediato, tras haber sido informada la policía del crimen, conducirán al interrogatorio de todos los habitantes de la casa, unidos al difunto por lazos familiares o laborales y con motivos, todos ellos, para odiar al finado.

Con un montaje tradicional, en el que los personajes entran y salen del escenario, Una visita inesperada remite, de hecho, poderosamente a la ya citada La ratonera −y sin que ello vaya en absoluto en menoscabo su indiscutible calidad−, no sólo por su argumento, sino también por la dinámica de su puesta en escena y también por su atrezzo, un escenario ambientado como un salón que recuerda la ambientación del gran clásico teatral de Christie, tanto en Londres como en la adaptación barcelonesa representada hace unos años.

Además de su exquisita puesta en escena y su impecable despliegue técnico, Una visita inesperada destaca especialmente por su dirección y, cómo no, por su magnífico plantel de actores, todos brillantes en sus respectivas interpretaciones y haciendo gala, además, de una impecable dicción, de esa que tanto de menos se echa en el cine producido por estos lares.

A ello habría que unir el propio teatro en el que se representa, el Teatre del Raval, un espacio pequeño para los estándares de gran formato, pero que, con su magnífica acústica y la comodidad de sus asientos, brinda a este tipo de obras, más intimistas, un insuperable ambiente. Además, y para conseguir una mayor complicidad con el espectador, la obra cuenta con una mini pausa de dos minutos en la que los espectadores pueden indicar quién creen que es el asesino o asesina. Los aciertos, previo sorteo, se premian con dos invitaciones para cenar y dos entradas de teatro.

El éxito de esta obra, que fue estrenada en septiembre del año pasado, ha propiciado que sus representaciones se prolonguen hasta el próximo 29 de abril, por lo que, los que residís en Barcelona, no tenéis excusa para perderos esta adaptación que, con sus destacados aciertos, demuestra, una vez más, que hay autores para los que el tiempo no pasa.



14 de febrero de 2017

Museu Agbar de les Aigües



Poco antes de que finalizara 2016, con motivo de la presentación de una muy interesante app ―de la que hablaremos en un posterior post―, visitamos por primera vez el Museu Agbar de les Aigües.

Proyectado por la Fundació Agbar, este museo, que abrió sus puertas en 2004, tiene como principal objetivo promover el conocimiento y valores desde una experiencia vital, de aprendizaje y lúdica. Por ello, único por su contenido y continente, este espacio expositivo supone para todos sus visitantes, independientemente de su edad, una oportunidad, también única, de comprender, de manera muy amena, todo el complejo proceso que, a lo largo de los años, ha hecho posible que hoy todos los hogares del país, y de Barcelona y su provincia en particular, cuenten con agua potable.


El Museu Agbar de les Aigües se encuentra ubicado en la Central de Cornellà, la planta inaugurada en 1909 por Aigües de Barcelona para extraer agua del acuífero del Baix Llobregat, que abastecía ―todavía lo sigue haciendo en parte― a la ciudad de Barcelona.


Escenario en el que conviven pasado y presente, este espacio museístico no sólo ofrece al visitante un recorrido por la historia del abastecimiento del agua, sino que permite descubrir una de las mejores muestras del patrimonio industrial del pasado siglo.


El acceso al museo se lleva a cabo a través de un jardín, con cedros y pequeños estanques, en el que pueden hallarse algunos de los vestigios más imponentes del sistema utilizado para extraer agua del acuífero, una impresionante chimenea de 50 metros, el pozo Fives Lille, del que todavía se puede extraer agua, o el espacio de reuniones, Ágora, un antiguo depósito reconvertido. Además, y rodeando al jardín, se hallan las antiguas casas de los trabajadores.


El mayor atractivo del complejo reside, sin embargo, en las tres naves proyectadas en 1905 por el arquitecto Josep Amargós i Samaranch, artífice, entre otras emblemáticas obras, del Invernadero del Parc de la Ciutadella o de la Torre de les Aigües del Tibidabo.


En esas tres naves se hallan la sala de las calderas, la sala de la electricidad y la sala de máquinas, donde, tras haber realizado un fascinante recorrido en el que se puede interactuar con muchas de las piezas expuestas ―muchas de ellas reproducciones de diversos inventos destinados a la extracción del agua de las entrañas de la tierra y a su distribución―, pueden contemplarse numerosos elementos que retrotraen al visitante a otra época. Entre los vestigios del pasado visibles en las tres salas del museo destacan dos calderas facturadas a principios del pasado siglo, responsables de suministrar energía a todo el complejo; parte de una vía con una de las vagonetas que transportaban el carbón que ponía en marcha toda la maquinaria; las dinamos que generaban la electricidad que permitía hacer funcionar las bombas que extraían agua de los pozos; un cuadro de control y numerosas muestras de decoración modernista ―baldosas, escaleras, etc. A ello habría que añadir una ambientación que reproduce el sonido, atenuado, que aquellas máquinas debían producir en pleno funcionamiento.


Como no podía ser menos en un museo tan singular por su cometido y riqueza patrimonial, el Museu Agbar de les Aigües, valiéndose de las nuevas tecnologías, cuenta con un amplio catálogo de actividades ideadas siguiendo los objetivos perseguidos por la Fundació Agbar y dirigidas a un público amplio, lo que, unido a todo lo anterior, le hizo merecedor, en el año 2010, del premio Micheletti Award, uno de los más prestigiosos galardones del ámbito museístico y el primero que se otorgaba a un museo español.






Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...