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6 de enero de 2019

El Barba Azul de Gustave Doré



  Fuente: Wikipedia

Mucho antes de que Walt Disney adaptara gran parte de los cuentos con los que todo niño occidental ha crecido, el escritor francés Charles Perrault (1628-1703) ya los había plasmado en formato literario tras haberlos recogido de la tradición oral. 

Aun dulcificados por el autor galo, muchos de esos cuentos distan bastante, sin embargo, del final feliz que Disney impusiera en toda su obra. Muestra de ello son las ilustraciones que acompañaran los textos de Perrault, muchas de ellas firmadas por el polifacético artista francés Gustave Doré (1832-1883), de cuyo nacimiento se cumplen hoy 187 años.

Entre las ilustraciones de Doré para los cuentos de Perrault destaca una realizada para el que posiblemente sea uno de los cuentos más siniestros jamás narrados y al que, lógicamente, Disney jamás prestó atención, Barba Azul. Esta ilustración pertenece a la obra Les Contes de Perrault, dessins par Gustave Doré, editada por Pierre-Jules Hetzel en 1862.


¡Feliz domingo!


3 de marzo de 2015

Emigrantes. Una excepcional novela gráfica



Fenómeno tan antiguo como la propia humanidad, la emigración ha sido motivo constante de inspiración para numerosos artistas. No obstante, y si bien las causas que provocan que un ser humano abandone su país en busca de un destino incierto cuentan, desde la pasada centuria, con un cierto componente positivo –el que impele al migrante a cambiar de residencia por su admiración hacia la cultura, lengua o gentes del lugar donde pretende instalarse-, gran parte de los emigrantes de nuestro siglo se ven forzados a abandonar su país por los mismos motivos que empujaron a los expatriados de antaño a rehacer su vida en otro lugar.

Para abordar su asombrosa y exquisita Emigrantes –una obra que se constituye como toda una loa a los seres a los que hace referencia su título- Shaun Tan, ilustrador y escritor australiano de origen chino, se volcó en un intensísimo trabajo de investigación cuya fuente de inspiración inmediata cabe hallarla en la historia de sus propios progenitores.

Enmarcada en un escenario surrealista aunque con fuertes ecos de la ciudad de Nueva York –en algunas de sus viñetas, de hecho, se distingue perfectamente la sombra del Empire State-, Emigrantes también se sitúa en un marco temporal impreciso, si bien diversos pasajes evocan a las grandes oleadas migratorias que, producidas durante las primeras décadas del pasado siglo, tuvieron como principal destino Australia y, especialmente, Estados Unidos –no resulta difícil, ciertamente, conectar la escena en la que los tripulantes de un barco son sometidos a un exhaustivo chequeo médico con las inspecciones médicas a las que hubieron de hacer frente miles de emigrantes en la Isla de Ellis antes de poder acceder a Manhattan.


No obstante, y si bien Tan teje su novela con las narraciones de varios emigrantes que se vieron obligados a abandonar su país por variados motivos –hambre, guerra, esclavitud…-, el hilo conductor de su narración es un padre de familia que, no sin dificultad, habrá de ir haciéndose, como los que le precedieron en su travesía, a las nuevas costumbres de una ciudad que le resulta, en un principio, absolutamente amenazadora e incomprensible. 

Con una maestría insuperable, Tan recrea a la perfección, siguiendo los pasos de su principal y anónimo protagonista, los problemas a los que los emigrantes, los de antaño y los de ahora, han debido y deben hacer frente, como la pobreza, la añoranza, la incomprensión ante una lengua y una cultura desconocidas y, sobre todo, el peso insondable de la soledad.


El mayor acierto de Emigrantes radica, sin duda, en la plasmación de esos sentimientos en imágenes sin hacer uso, en ninguna de sus páginas –que, por cierto, tampoco cuentan con numeración-, de una sola palabra. Un recurso que se ve magnificado por la apuesta de Tan de recrear un universo totalmente surrealista que transporta al lector al mismo estado de incomprensión e incertidumbre que rodea al protagonista de la historia.

Emigrantes hace gala, además, de una exquisita composición, con cuidadas viñetas que, por su disposición secuenciada, recuerdan poderosamente a los fotogramas de una película. De hecho, si se pasan sus páginas a gran rapidez, buscando el efecto de un antiguo proyector cinematográfico, casi se podría afirmar que Tan ha facturado un film silente.


Habría que destacar, finalmente, el dibujo de trazo sumamente realista al que recurre Tan y la paleta de colores sepia con la que están trabajadas todas las viñetas, lo que, inevitablemente, evoca viejos y manoseados álbumes fotográficos, retrotrayendo al lector a tiempos pretéritos.

Por todo ello y por los muchos y acertados hallazgos que se pueden encontrar en sus páginas cada vez que se acude a ellas, Emigrantes resulta una obra de excepcional factura que ningún amante de novela gráfica debería dejar de leer o visionar.



5 de junio de 2012

Universo Lacombe


Autor: Benjamin Lacombe
Obra: Blancanieves

Son muchos los adjetivos que acuden a la mente cuando se observa por primera vez la obra de Benjamin Lacombe, el ilustrador francés que publicara su primera tira cómica con sólo 19 años y es hoy un auténtico icono cultural en su país de origen.

La fama de este alumno aventajado de la prestigiosa ENSAD – la Escuela Nacional Superior de Artes Decorativas de París – trascendió fronteras hace unos años cuando su trabajo de fin de carrera, Cérise Griotte, le reportó reconocimiento internacional y atrajo la atención de la influyente revista Time, que lo calificó como uno de los mejores libros para niños editados en 2007 en Estados Unidos.

Desde entonces la carrera de Lacombe ha sido meteórica. La edición de sus libros corre a cargo de las más selectas editoriales y su obra se expone no sólo en bibliotecas, sino en prestigiosas galerías de arte de capitales tan importantes como Nueva York, París, Roma o Tokio, amén de haber creado, pese a su juventud, toda una escuela que se ha convertido en fuente de inspiración de diversos artistas.

No es por ello extraño que la obra de este creador - ese particular universo fantasioso, gótico, sombrío, oscuro, elegante y hasta con un toque que bordea peligrosamente la más acaramelada cursilería – sea también conocida por estos lares y sus libros llenen los estantes de no pocas librerías y grandes superficies comerciales.

De hecho, ese personal mundo de Lacombe no sólo ha conseguido encandilar a los lectores más jóvenes, sino que está alcanzando, con sus obras adaptadas de clásicos de la literatura universal y títulos propios – la mayoría escritos por Sébastien Perez-, la nada fácil proeza de captar la atención de un público mucho más adulto y en principio poco inclinado hacia la novela gráfica.

Los máximos artífices de este éxito son, sin duda, los característicos personajes de Lacombe, esas figuras de grandes ojos de melancólica mirada que retrotraen al lector, en cierta manera, a la novela romántica del siglo XIX y en cuyos rasgos netamente burtonianos se aprecia también la influencia de otros cineastas como Tod Browning o Fritz Lang e incluso de diversos estilos pictóricos - la pintura flamenca o la prerrafaelita.

Por otra parte, y aunque el estilo de Lacombe reposa en la técnica más clásica y variada- desde el gouache hasta el grafiti pasando por el óleo – sus obras disponen de cuidadas versiones digitales concebidas para ser leídas de una forma diferente y mucho más interactiva. Ejemplo de ello sería El Herbario de las Hadas, cuya utilización vía iPad se muestra en la propia página de Lacombe, una exquisita web que tiene como música de acompañamiento una partitura que recuerda poderosamente al Danny Elfmann más burtoniano.


Finalmente, cabría destacar que esas interesantes versiones digitales no pueden hacer olvidar las cuidadísimas ediciones en papel, auténticas piezas de arte en sí mismas que cuestionan a las más categóricas voces que auguran un próximo final del libro en su formato más tradicional; un formato que muchos lectores – entre los que se incluye quien suscribe estas líneas – se resisten a abandonar.


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