Mostrando entradas con la etiqueta bibliotecas. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta bibliotecas. Mostrar todas las entradas

26 de marzo de 2012

¿Hacia un país sin bibliotecas?


Original: Alfred Leete (1914)
Photograph: Phil Bradley 

Si la pasada semana nos hacíamos eco de las dificultades por las que atraviesan los museos españoles como consecuencia de la crisis económica que asola el país, hoy no podemos dejar de mencionar la situación de las bibliotecas, especialmente porque algunas de ellas ya han empezado a cerrar sus puertas.

Esta situación se está revelando tan dramática para los trabajadores bibliotecarios sin contrato fijo que algunos colegios oficiales, como el Col·legi Oficial de Bibliotecaris i Documentalistes de la Comunitat Valenciana (COBDCV), ya han dado la voz de alarma; otros, como el COBDC (Col·legi Oficial de Bibliotecaris i Documentalistes de Catalunya) con su Argumentario profesional: el valor de las bibliotecas en un mundo en crisis, también se han unido a la cruzada en defensa de la profesión.  

Sin embargo, y más allá del drama humano que suponen los despidos derivados de esos cierres, los recortes a las bibliotecas revisten no poco interés para el conjunto de la sociedad y especialmente para aquellos sectores de población con menos recursos y en riesgo de exclusión social.

De hecho, nuestros dignos mandatarios parecen olvidar que las funciones de la bibliotecas públicas no se limitan al préstamo de libros y documentos, sino que son centros de libre acceso donde se facilita toda clase de conocimientos e información – tal y como estipula la propia UNESCO en el Manifiesto IFLA.

Así, siguiendo ese espíritu de hacer accesible la cultura a todos sus usuarios, las bibliotecas públicas llevan a cabo desde hace años diversas acciones que ahora corren el riesgo de verse seriamente afectadas por los recortes públicos.

Entre esas acciones cabe destacar la planificación y ejecución de procesos de alfabetización – puesto que las bibliotecas no se constituyen únicamente como un espacio propicio para la autoformación; la creación de diversos programas y actividades para fomentar la adquisición del hábito lector entre adultos y, especialmente, entre los más pequeños – muchas veces complementando, y otras tantas supliendo, la labor de padres y profesores; la apuesta por el conocimiento y uso de las nuevas tecnologías, favoreciendo así las capacidades informáticas de los usuarios que se inscriben dentro de la denominada brecha digital; o la promoción de la multiculturalidad gracias a las actividades que tienen en cuenta la presencia cada vez mayor de extranjeros entre sus usuarios.

Resulta evidente que estas funciones no pueden ser suplidas por el uso de internet ni el trabajo de los bibliotecarios desempeñado por voluntarios no profesionales, como tan alegremente ha propuesto la alcaldesa de Madrid en aras de ahorrar costes.

Ese empeño por menguar gastos y el nulo beneficio económico que reportan las bibliotecas al Estado parecen justificar el cierre de algunas de ellas; sin embargo, tampoco los centros educativos ni los hospitales públicos generan beneficios y no por ello resultan menos necesarios al conjunto de la sociedad.

No hay que olvidar, además, que toda merma en el presupuesto dedicado a las bibliotecas – en cuanto a lugares donde se propicia el libre acceso a la cultura -  atenta contra el derecho cultural, reconocido en no pocas constituciones, incluida la nuestra.

Los recortes a la cultura impelen a no pocas reflexiones. Más que sugerente resulta ahora la pregunta que Felipe, el amigo más soñador de la sin par Mafalda, formulara muchos años atrás, ¿No sería hermoso el mundo si las bibliotecas fueran más importantes que los bancos?


29 de febrero de 2012

The Reanimation Library. Rescatando libros de las garras del olvido




Andrew Beccone, un bibliotecario norteamericano con talento musical y artístico, fundó hace una década lo que entonces parecía un proyecto osado y de incierto futuro, The Reanimation Library, una biblioteca independiente que a lo largo de todos estos años se ha venido nutriendo de libros obsoletos o irremisiblemente condenados a sucumbir bajo las garras del olvido.

En un principio, Beccone adquirió muchas de las obras que componen su colección en tiendas de segunda mano y de la basura; actualmente, y tras dos lustros de intensas búsquedas, la mayor parte de las adquisiciones se producen vía donaciones; sin embargo, tanto entonces como ahora, Beccone ha privilegiado como principal criterio de selección el componente visual de los libros, por lo que la inmensa mayoría de los casi 1500 ejemplares reunidos hasta la fecha son obras que versan sobre ciencia, medicina o deporte y que pueden responder a títulos tan extraños, e incluso inquietantes, como Sex lives of animals without backbones o Handbook of doll repair and restoration.

Puntualmente, y hasta el 9 de marzo, The Reanimation Library se encuentra en el MoMA de Nueva York formando parte del taller Print Studio; sin embargo, su primer hogar fue el propio domicilio de Beccone, aunque desde hace ya unos años la biblioteca se halla en un espacio propio de la galería Proteus Gowanus de Brooklyn, lugar donde los usuarios pueden escanear y fotocopiar extractos de los libros que sean de su interés, aunque no llevárselos, ya que, dada su singularidad, están excluidos de préstamo.



El éxito de esta iniciativa ha propiciado que en otras ciudades norteamericanas se hayan creado centros con el mismo nombre y características, espacios que reúnen los rasgos más distintivos de una biblioteca pero también los de las galerías de arte y lugares de creación cultural y artística, lo que responde a la voluntad de Beccone de reivindicar el papel que las bibliotecas pueden jugar en la inspiración y creación de proyectos artísticos y culturales.

Además, y como no podía ser de otra forma, The Reanimation Library dispone de un espacio virtual en su página web que permite que, desde cualquier punto del planeta, un usuario pueda consultar las obras registradas (existen varios motores de búsqueda) e, incluso, añadir nuevo material.

Beccone concibió The Reanimation Library para llegar al máximo público posible, aunque evidentemente, y dadas las principales pretensiones que alientan esta idea – enriquecimiento del patrimonio cultural e incentivación de la creatividad -, son los llamados arqueólogos culturales y/o los creativos de diversas disciplinas artísticas los colectivos que se constituyen como el público más fiel del proyecto.

Acorde con los tiempos, The Reanimation Library se mueve con soltura en dos mundos condenados a entenderse, el analógico y el digital. No obstante, si tenemos presente que el gran problema de las bibliotecas se traduce siempre en su falta de espacio y que The Reanimation Library aspira a convertirse en una colección infinita, es más que probable que el mundo digital acabe por imponerse en cuanto a espacio de conservación, lo que no implica, por supuesto, que el papel de la biblioteca – no sólo como lugar de estudio, sino como fuente de inspiración o creación, tal y como preconiza Beccone – reste inmutable.


30 de noviembre de 2011

A hachazos con la cultura



Los vecinos de un barrio de Granada, Zaidín, se manifestaban hace unos días para reclamar la reapertura inmediata de su biblioteca, inaugurada hace treinta años y clausurada por obra y gracia de la política del tijeretazo.

Muy posiblemente esta noticia no hubiera traspasado el ámbito de la prensa local de no haber mediado el cantante Miguel Ríos, quien se sumó a las reivindicaciones de los manifestantes. Sin embargo, no se trata de un caso aislado ni tampoco único, aunque por sí solo ya es demostrativo del poco respeto que les merece la cultura a nuestros dignos políticos.

Estos se han valido de la siempre complicada valoración económica del sector cultural (los bienes proporcionados por la cultura son intangibles y difícilmente mesurables en clave económica) para emprenderla a hachazos contra un derecho – el cultural – que va a quedar reducido, si nada lo remedia, al disfrute de unos pocos.

Además, los medios de comunicación, sumamente influenciados por los discursos de nuestros mandatarios, se han encargado de aportar su granito de arena al asunto poniendo de relieve, prácticamente a diario, dos temas que mucho tienen que ver con la pervivencia de la cultura como derecho intrínseco de todo ciudadano: los recortes y los emprendedores. No obstante, obvian u olvidan que los segundos no pueden subsanar las consecuencias de los primeros y es que, a falta de una auténtica ley de mecenazgo y de grandes empresarios que quieran invertir más allá del fútbol, los emprendedores no pueden suplir, en su totalidad, las ayudas estatales.

Cierto es que hay subsectores culturales cuyas subvenciones pueden ser más que discutibles, sobre todo aquéllos que por sus propias características pueden calificarse como industrias culturales - sería el caso del cine, que ya abordaremos en otra ocasión. No obstante, aquellos otros subsectores no susceptibles de convertirse en industrias (las artes escénicas, las plásticas, el patrimonio, los archivos o las bibliotecas) difícilmente subsistirán sin subvención.

Los recortes salvajes a la cultura – en algunas comunidades superan el 60% - auguran un futuro negro para el sector, un sector que, por otra parte, en este país aún se asocia más a un divertimento que a un auténtico derecho, lo cual explica en gran medida las relativamente bajas protestas generadas – si lo comparamos con otros sectores – ante la acción de la tijera presupuestaria.

El actor Antonio Banderas comentaba el otro día que, dado los tiempos que corrían, deberían buscarse nuevas formas de financiación del cine. No va a quedar más remedio que sea así, aunque ¿por qué habría de buscar otros medios una biblioteca cuando la IFLA/UNESCO la define como “el centro local de información que facilita toda clase de conocimientos e información” y al que se accede gratuitamente? Y ¿por qué los contribuyentes deben seguir pagando los mismos impuestos por unos servicios que en algunos distritos como Zaidín están dejando de ofrecerse?

Está claro que para nuestros dignos mandatarios es más fácil recortar en cultura, sanidad o educación que cuestionar sus estratosféricos sueldos - 3.500 euros netos de media frente a los menos de 700 brutos de salario mínimo –, adelgazar sus más que holgadas pensiones o sopesar la necesidad de seguir percibiendo un sueldo proveniente del erario público cuando ya han dejado atrás su carrera política.

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...